Frente al exboliche Le Brique, el memorial que cada año se convierte en punto de encuentro apareció esta vez más vacío, con menos carteles, menos objetos y menos gente. Apenas un puñado de vecinos y turistas se detuvo unos minutos para rezar y dejar flores. El resto pasó de largo, como si la temporada de verano hubiera borrado la tragedia. Quien no dejó pasar de largo su recuerdo, fue su mamá, que en las redes compartió un tierno video de su hijo con una dolorosa leyenda: “Quería escuchar tu vos Fer, te amo”.
En Villa Gesell, parece ser que el nombre Fernando no resuena en la memoria del lugar: “No quieren que sea recordado”, denunció una de las organizadoras, al señalar que los comercios cercanos retiran los mensajes y recuerdos que se colocan en el santuario. Rosarios desparramados, un cartel de madera desaparecido, un árbol podado: gestos que los familiares interpretan como intentos de reducir la visibilidad del homenaje. La misa y el rosario duraron menos de veinte minutos. Una mujer rompió en llanto y pidió que no se abandone el reclamo. A pocos metros, chicos hacían piruetas con bicicletas, indiferentes al dolor que se respiraba en el lugar.
Buenos Aires: la misa en Recoleta
Mientras tanto, en la parroquia Santísimo Redentor del barrio de Recoleta, los padres de Fernando, Silvino Báez y Graciela Sosa, encabezaron una ceremonia íntima. Allí, familiares y allegados se reunieron para acompañarlos en una fecha que sigue siendo imposible de sobrellevar. Fernando tenía 18 años y estudiaba Derecho cuando fue asesinado a golpes el 18 de enero de 2020. El juicio oral concluyó en febrero de 2023 con condenas ejemplares.
Cinco jóvenes recibieron prisión perpetua como coautores del homicidio doblemente agravado. Tres acusados fueron condenados a 15 años como partícipes secundarios. De quedar firme la sentencia, los condenados no podrán acceder a libertad condicional y recién podrían salir en 2035.
El caso volvió a ocupar espacio público con el estreno del documental de Netflix 50 segundos: El caso Fernando Báez Sosa. Sin embargo, el contraste entre Villa Gesell y Buenos Aires expuso una herida abierta: mientras en la ciudad balnearia el homenaje se diluye entre turistas y comercios, en la capital se mantiene vivo en la intimidad de una misa.




