Thiago, un adolescente de 16 años que disfrutaba de sus vacaciones junto a su familia, se encuentra internado en terapia intensiva tras sufrir una feroz golpiza a manos de una patota en las inmediaciones del muelle. El ataque, que ocurrió cerca de las 5:30 de la madrugada, terminó con el joven derivado de urgencia a un centro de alta complejidad en Buenos Aires.
El episodio se desencadenó en un sector de estacionamiento sobre la avenida del Mar. Thiago estaba con dos amigos de 14 y 17 años, a la espera de sus padres, quienes se encontraban pescando a pocos metros. Según el relato de los testigos, un grupo de al menos seis jóvenes que caminaba por la zona inició una agresión verbal sin motivo aparente antes de pasar a los golpes.
El ataque
Lucía, la madre de la víctima, reconstruyó la pesadilla con un relato desgarrador. Según su testimonio, los agresores salieron de un boliche cercano y arremetieron contra los menores con insultos discriminatorios. "Aparecieron estas seis bestias y empezaron a pegarles mientras les decían 'negros de mierda'", relató la mujer en diálogo con la prensa.
La saña de la patota se concentró en Thiago, quien recibió impactos en la cabeza que le provocaron el hundimiento y la fractura del cráneo. El arribo providencial de un móvil policial interrumpió la golpiza y provocó la huida inmediata de los atacantes, quienes tendrían entre 17 y 18 años. "Mi hijo tiene toda la cara hinchada y los ojos cerrados. Le dieron una paliza terrible", detalló Lucía.
La situación judicial
Dada la gravedad del cuadro, los médicos del Hospital Municipal de Pinamar dispusieron el traslado sanitario de Thiago hacia el Hospital Bicentenario de Esteban Echeverría. El parte médico del Ministerio de Salud bonaerense confirmó que el adolescente presenta un hematoma cerebral no quirúrgico, por lo que requiere un monitoreo estricto en la unidad de cuidados intensivos.
La investigación quedó a cargo del fiscal Juan Pablo Calderón, quien ordenó el relevamiento de las cámaras de seguridad de la zona y la toma de declaraciones a los amigos que acompañaban a Thiago. Los investigadores buscan determinar la identidad de los sospechosos a través de las imágenes de los boliches de la línea de la costa y los domos municipales.
La familia de Thiago había llegado a Pinamar hace diez días para pasar un período de descanso que debía concluir este sábado. "Él no estaba molestando a nadie", exclamó su abuela, Marcela, quien pidió una cadena de oración por la pronta recuperación del joven.



