El cierre definitivo de la planta de Fate en San Fernando no solo liquida ocho décadas de trayectoria manufacturera, sino que expone la fragilidad del sector frente a la competencia extranjera y la crisis interna. Con el despido de su nómina completa, compuesta por 920 operarios, la empresa nacional abandona la producción para ceder el mercado al avance de los productos importados.
La noticia llegó a los empleados de manera abrupta el pasado 26 de enero de 2026, mediante correos electrónicos enviados durante el periodo de vacaciones. Lo que muchos trabajadores imaginaron como una suspensión temporal resultó en la clausura total de los portones de la avenida Blanco Encalada.
La erosión del salario
Detrás de los números de la crisis se esconde el deterioro del poder adquisitivo de operarios con más de 30 años de servicio. Jorge Ayala, referente de los trabajadores con tres décadas en la planta reveló, en una entrevista con Infobae, una realidad de estancamiento salarial crítica: al momento del cierre, el valor de la hora de trabajo apenas alcanzaba los 6.800 pesos.
- Congelamiento paritario: Las negociaciones colectivas permanecieron paralizadas durante 14 meses, lo que licuó los ingresos frente a la inflación.
- Pluriempleo: Ante la falta de aumentos, parte del personal recurrió a servicios de transporte por aplicación (como Uber) para sostener sus hogares.
- El costo social: Con salarios netos de 1,7 millones de pesos para la máxima antigüedad, los operarios denuncian que la cifra resultaba insuficiente tras un año de atraso frente al costo de vida.
El desenlace de febrero de 2026 es el resultado de un declive estructural que comenzó en 2019 con el primer Procedimiento Preventivo de Crisis (PPC). La situación se tornó irreversible en 2024, cuando el Gobierno dispuso una reducción drástica de los aranceles a la importación de neumáticos, que pasaron del 35% al 16%.
La gerencia de Fate argumentó que la brecha de costos respecto a los productos asiáticos se volvió "insalvable". Durante 2025, el ingreso de cubiertas importadas alcanzó un récord de 860.000 unidades mensuales, lo que desplazó por completo a la fabricación nacional. La combinación de una carga impositiva elevada, restricciones cambiarias y la caída del consumo interno terminó por asfixiar la rentabilidad de la firma de los Madanes Quintanilla.
A pesar del anuncio del directorio, los trabajadores mantienen la esperanza de una reapertura o una intervención política que preserve las fuentes de trabajo. "El laburo ordena la vida; no queremos ser muertos sociales", manifestó Ayala, quien junto a sus 900 compañeros busca alternativas para evitar que la planta se convierta en un galpón vacío.



