Nos subimos, decimos "hola" y clavamos la vista en el celular. Asumimos que el que maneja es parte del tapizado: un robot de carne y hueso conectado a un algoritmo. Pero cuidado: mientras vos mirás la pantalla, él te examina por el espejo retrovisor.
Pablo Eduardo Gainza López no es solo un chofer de Uber. Es un un escáner humano entrenado en la selva de asfalto (primero en Venezuela, ahora en Buenos Aires) para detectar quién sos, qué querés y qué es lo que estás haciendo en la calle.
La Funda Rosa
El pasajero cree que es anónimo, pero se equivoca. Antes de que cierres la puerta, Pablo ya tiene tus datos, tu biografía y hasta intuye tu prontuario. Su seguridad depende de un escáner visual que tarda segundos en procesar la información. En la calle, la intuición no es un lujo, es supervivencia.
La prueba de fuego ocurrió una madrugada en Recoleta. Se subió un pasajero vestido de albañil. A mitad de camino, el tipo cambió el destino: pidió ir a González Catán. Eran las 3 de la mañana y a Pablo le subió la adrenalina. La situación era tensa, pero el viaje siguió hasta que el pasajero le pidió cargar el celular. "Veo que me pasa un teléfono con una funda rosa y un fondo de pantalla de una chica", cuenta Pablo.
Ese detalle, fue el dato que faltaba para cerrar un escenario peligroso: un albañil, a esa hora, con ese teléfono. La ecuación daba mal. Pablo concluyó rápido: “Este teléfono es robado y ahora me toca a mí”. No esperó a ver el arma. Frenó y fue tajante: "Te bajás, no te llevo". El instinto le salvó la recaudación y quizás la vida. Lección para el pasajero: tu ropa, tu actitud y hasta tus accesorios gritan quién sos.
Un Hotel sobre Ruedas
En el asiento de atrás se pierde la noción de lo público y lo privado. El auto muta de transporte a burbuja de impunidad. "Una vez subí a tres chicas muy borrachas. Una me dice al oído: '¿Tenés problema si nosotras dos garchamos acá atrás?'", relata Pablo, todavía incrédulo. No era una cámara oculta. La respuesta de Pablo fue pragmática, propia de quien solo quiere terminar el viaje y cobrar: "Mientras no me ensucien, hagan lo que quieran".
Subió el volumen de la música y miró hacia adelante, o eso intentó. Por el retrovisor vio que la promesa de las pasajeras se cumplía al pie de la letra. El chofer se vuelve invisible, un voyeur forzoso. Pero no siempre es testigo; a veces es víctima.
Justicia Poética y Tarifas de Limpieza
En el asiento trasero no solo hay pasión, hay decadencia. "En Mar del Plata, en verano, te diría que 7 de cada 10 pibes que suben están drogados", dispara Pablo con una estadística que asusta más que cualquier informe oficial. Y con el descontrol, llega el asco.
Una noche, tres pasajeros borrachos convirtieron su auto en un chiquero. Uno vomitó y, acto seguido, empezó a besarse con la chica entre los restos del desastre. "Yo estaba a punto de vomitar también", confiesa.
Cuando se negaron a pagar la limpieza, Pablo aplicó su propio código penal: fue al lavadero, le pidió a la encargada que inflara la factura al doble, la envió a la aplicación y se la debitaron a los pasajeros. El que las hace, las paga con recargo.
La Ruleta Rusa de la Seguridad
¿Uber, Cabify, Didi? Para el usuario es una cuestión de precio; para el chofer, de riesgo. Pablo confirma que Uber y Cabify lideran en seguridad, mientras que las otras son terreno pantanoso. El peligro tiene geografía: "Los que usan las apps para robar suelen pedir viajes desde esquinas o puertas de hospitales, nunca desde un domicilio exacto".
A él intentaron emboscarlo en Canning usando a una chica de señuelo y tres tipos armados. Zafó acelerando como un doble de riesgo. Por eso, cuando te subís y el chofer te mira fijo, no te está coqueteando: está calculando si sos un viaje o una amenaza.
El Gurú del Asiento Trasero
Antes de volver a activar la app y perderse en el mapa, Pablo nos deja los mandamientos para no ser el pasajero que todos rechazan (y para viajar seguro):
- La Regla del 4.50: Si tu chofer tiene una calificación menor a 4.50, cancelá. "Leé los comentarios. Si dicen 'auto sucio' o 'maneja mal', no te subas". Lo barato sale caro.
- No seas un fantasma: Si pedís el auto, poné la dirección exacta de una casa o edificio. Si pedís desde "esquina tal y tal", el chofer ya te mira con desconfianza.
- El Silencio es Salud: Si querés que baje la música o apague el aire, pedilo bien. Pero si el chofer no habla, respetalo.
- La "Mala Vibra" existe: Pablo viene de Venezuela y trajo un radar incorporado. "Aprendí a manejarme a través de la vibra. Si siento una mala vibra, mi cerebro manda una alerta". Si el chofer te cancela en la cara, quizás no es la tarifa... quizás sos vos.



