La apertura del 154° período de sesiones ordinarias en la Legislatura bonaerense no fue un acto administrativo más; fue el escenario elegido por Axel Kicillof para relanzar su perfil como principal antagonista del modelo de Javier Milei. Con una narrativa que fue de la denuncia económica a la propuesta política, el gobernador advirtió que para derrotar al oficialismo nacional no basta con el rechazo: "La construcción de una alternativa requiere mucho más que decir 'no a Milei'".
Kicillof utilizó gran parte de su intervención para desglosar lo que denominó un "industricidio" planificado. Según el mandatario, el deterioro de la clase media y el desplome del consumo no son consecuencias inevitables, sino resultados directos de las políticas de la Casa Rosada.
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Hemorragia laboral: El dato más impactante de su discurso fue la pérdida de puestos de trabajo. Aseguró que desde el inicio de la era libertaria se han perdido 299.600 empleos registrados, lo que equivale a un trabajador en la calle cada cuatro minutos.
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Consumo en mínimos: Detalló que las ventas minoristas cayeron 10 puntos, mientras que en el sector mayorista el desplome alcanzó el 20%. Alimentos básicos como leche, carne y yerba mate registran hoy mínimos históricos de consumo.
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Morosidad asfixiante: La crisis financiera en los hogares se triplicó en el último año, con un 9,3% de créditos impagos y casi un 25% de las familias fuera del sistema bancario tradicional.
La estrategia frente a la "extorsión" fiscal
El gobernador denunció un esquema de "vínculo por extorsión" por parte de Nación, basado en el recorte sistemático de transferencias obligatorias y la paralización de obras estratégicas. "No puede ser que cada provincia quede sola negociando migajas", disparó, proponiendo un bloque federal que sume fuerzas contra la centralización fiscal.
Kicillof calificó el plan económico nacional como "anacrónico y a contramano del mundo", argumentando que busca una primarización de la producción argentina que solo favorece a unos pocos "ganadores" frente a una mayoría de "perdedores".
Más allá de la descripción del daño, el mandatario bonaerense buscó proyectar esperanza hacia su base política y los sectores indecisos. Insistió en que la sociedad no está "condenada a esta pesadilla" y que existe una salida productiva. "Hay otro camino para bajar la inflación sin destruir la industria y el trabajo. Hay otro camino para integrarnos al mundo sin someternos", concluyó Kicillof, invitando a construir una Argentina "que no se arrodille ni se divida".



