El Vaticano determinó que un cura de San Isidro deberá mantenerse alejado de sus funciones dentro de la Iglesia tras condenarlo por el delito contra el sexto mandamiento cometido con un menor, luego de someterlo a un proceso administrativo, tal como establece el derecho penal canónico.
El sacerdote, conocido como el "Padre Damián, se encargaba de ejercer el Ministerio de la Eucaristía y predicar la palabra de Dios en uno de los exclusivos countries de Nordelta y fue, además, uno de los principales impulsores de la construcción de la parroquia Sagrada Familia, donde ejerció el sacerdocio durante 15 años. También fue capellán de varios de los colegios católicos que se encuentran dentro del lujoso complejo.
Las polémicas que rodean al Padre Damián Rodríguez Alcobendas
Antes de hacerse pública la denuncia por supuesto abuso, el párroco protagonizó dos hechos por los que se hizo conocido, que llegaron a viralizarse y que lo pusieron en el ojo de la tormenta.
Sus feligreses lo calificaban como una persona directa, frontal y con poca simpatía por los niños, sobre todo en las misas. Muchas veces, cuando encabezaba las ceremonias religiosas llegaba a retar públicamente a los padres de los chiquitos que lloraban o gritaban.
Lejos de tolerar esa situación, decidió crear un espacio vidriado dentro de la parroquia adonde mandaba a las familias que concurrieran con chicos pequeños y, de esa forma, no escuchar los llantos de las criaturas.
Otro hecho por el que logró popularidad se produjo en plena pandemia. Imposibilitado de dar misas debido a las restricciones, Rodríguez Alcobendas tuvo una idea innovadora: recorrer las calles de Nordelta a bordo de un vehículo para bendecir a las viviendas y mostrar un código QR para recibir donaciones para la Iglesia. Lo llamativo, más allá del hecho en sí, es que lo hacía a bordo de una lujosa camioneta 4x4.
Tras conocerse la denuncia por supuesto abuso, sus fieles se dividieron entre quienes lo defienden de las acusaciones y aquellos que piden su cabeza. En medio del escándalo, fue promovido como capellán de la Congregación de las Hermanas Siervas de María, en la sede de General Pacheco.
Mediante un comunicado, el tribunal eclesiástico le prohibió ejercer de forma perpetua todo oficio dentro de la Iglesia, como así también desarrollar cualquier tipo de función administrativa en las parroquias e instituciones vinculadas a las mismas. Tampoco podrá ejercer la docencia y tampoco podrá asesorar a menores de edad ni recibir encargos de tutorías
Por último, el obispado de San Isidro le prohibió durante cinco años el ejercicio público del ministerio sacerdotal. “En ese sentido, se le ha impuesto un precepto penal disponiendo que en caso de incumplimiento de la pena aplicada se lo sancionará con la dimisión del estado clerical”, cierra el comunicado.




