Marcelo Porcel, acusado de abusar de los amigos de su hijo, se negó a responder las preguntas de la Justicia

La Justicia investiga una red de abusos y corrupción de menores que funcionaba bajo el disfraz de "juntadas" adolescentes en departamentos de lujo.
Por: #BorderPeriodismo

Lo que para un grupo de compañeros de un exclusivo colegio de Palermo eran tardes de juegos y apuestas en los pisos más altos de la Torre Le Parc, terminó convirtiéndose en una pesadilla judicial que hoy tiene como único imputado al empresario Marcelo Porcel. Este martes, en una audiencia virtual que generó indignación en las familias de las víctimas, Porcel evitó dar detalles, se limitó a proclamar su inocencia y anticipó que presentará un descargo por escrito.

La acusación que pesa sobre él, impulsada por el fiscal Pablo Turano, es demoledora: diez hechos de abuso sexual gravemente ultrajante, corrupción de menores y producción de material de explotación sexual. Sin embargo, el dato que más sacude a la opinión pública es que el empresario atraviesa el proceso en libertad, una situación que el abogado querellante, Pablo Gianotti, calificó como un riesgo procesal latente: "Ni siquiera sabemos con certeza si está en el país", advirtió.

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Alcohol, apuestas y cámaras ocultas

La investigación, que se inició en julio de 2024, logró desenterrar un "modus operandi" sistemático. Según los testimonios recolectados en Cámara Gesell, Porcel captaba a los amigos de sus propios hijos y los llevaba a su domicilio o a la oficina de su madre. Allí, el escenario se repetía: el adulto proveía vodka y tequila, incentivando "competencias de resistencia" alcohólica a cambio de dinero en efectivo o transferencias a billeteras virtuales para apuestas online.

El expediente detalla situaciones de una perversión planificada. Los adolescentes relataron cómo el empresario les ofrecía sumas de dinero por correr desnudos alrededor de una mesa o por dejarse realizar masajes con cremas, momento en el que se producían los tocamientos. Pero el hallazgo más escabroso surgió del peritaje a su teléfono celular: los investigadores encontraron capturas de pantallas de videos grabados por una cámara de seguridad oculta en el baño de su casa, captando la intimidad de los menores.

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Aunque la causa ya reconoce a diez víctimas, el horizonte judicial de Porcel podría oscurecerse aún más. Recientemente, se supo de la existencia de otros cuatro menores damnificados en la zona de Cañuelas, cuyos padres estarían listos para declarar y romper el silencio ante lo que consideran una lentitud burocrática inaceptable.

Los peritajes psicológicos oficiales han sido contundentes al respaldar la veracidad de las denuncias: los especialistas concluyeron que no hay rastros de fabulación ni influencia de terceros en los relatos de los chicos. A pesar de esto, y de la restricción perimetral que le impide acercarse al colegio o a clubes como GEBA, Porcel no ha sido detenido. Para las familias, la "desilusión" con la Justicia es total, mientras esperan que la acumulación de pruebas, que ya incluye fotos, audios y testimonios, termine por poner tras las rejas al hombre que transformó un departamento de élite en una cámara de abusos.

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