Cristina Mariscotti, conocida como la "Abuela lalala", falleció a causa de una insuficiencia cardíaca, dejando un vacío inmenso en la esquina de Caaguazú y Andalgalá, el epicentro donde nació un fenómeno viral que trascendió fronteras y generaciones.
Durante la gesta de la Scaloneta en el Mundial de Qatar 2022, Mariscotti se convirtió en un amuleto. Su ritual era simple pero poderoso: al finalizar cada partido, salía a la puerta de su casa en el barrio porteño de Liniers, envuelta en la bandera celeste y blanca. Allí, una marea de jóvenes la esperaba para celebrarla.
A pesar de que el mundo entero la adoptó bajo el mote de "abuela", la historia de Cristina guardaba una paradoja conmovedora: nunca tuvo nietos propios. Nacida en Almagro en 1946 y radicada en Liniers desde los dos años, fue la menor de tres hermanas y dedicó su vida al trabajo administrativo, destacándose por su destreza con la máquina de escribir.
Cábalas y el sueño de Messi
Fiel a las tradiciones argentinas, Cristina confesaba que no miraba los partidos por cábala. Prefería esperar el grito de gol de sus vecinos para saber que todo iba bien. Su devoción por Lionel Messi era absoluta; en sus últimas entrevistas, mencionaba con esperanza los mensajes que le enviaba al capitán argentino, deseando que alguno pudiera traspasar la pantalla y llegar al "diez".
"Yo me sentaba en la puerta con mi abuela y veíamos el tren pasar; antes aquí no había edificios", recordaba sobre su infancia en un barrio que hoy la llora como a una madre.
El fenómeno de la "Abuela lalala" no fue solo un video viral; fue un testimonio de comunión intergeneracional. En una era de aislamiento digital, Cristina logró que miles de jóvenes volvieran a la calle para abrazar a una adulta mayor, rompiendo la brecha de la edad a través de una melodía y una bandera.



