A través de una nueva disposición administrativa, Manuel Adorni tendrá la última palabra en la autorización de erogaciones críticas del Estado, funcionando como un "embudo" de control que supervisará los movimientos financieros de los ministerios de Economía e Interior, según reveló Infobae.
Esta maniobra busca centralizar la gestión de los Aportes del Tesoro Nacional (ATN), una de las herramientas de asistencia financiera más sensibles y discrecionales del Poder Ejecutivo. Hasta ahora, el flujo de estos fondos dependía de un binomio técnico-político integrado por Luis Caputo y Diego Santilli, pero la incorporación de Adorni añade una instancia de validación final alineada directamente con los intereses de la Secretaría General de la Presidencia.
Detalles de la decisión
A diferencia de la coparticipación federal, los ATN no se distribuyen de forma automática. Su asignación depende de la voluntad política del Gobierno, lo que los convierte en la moneda de cambio principal en el diálogo con los gobernadores. Con la firma del ministro coordinador, la Casa Rosada busca que el envío de recursos no solo responda a la situación fiscal o técnica de una provincia, sino que esté estrictamente atado a la estrategia parlamentaria del oficialismo.
La consolidación de Manuel Adorni como una figura omnipresente en la gestión libertaria no es casual. Tras suceder a Guillermo Francos, el actual Jefe de Gabinete se convirtió en el ejecutor de la voluntad de Karina Milei. Su rol excede la vocería: hoy coordina la mesa política y actúa como el filtro definitivo para los proyectos que darán forma al segundo tramo de la administración de Javier Milei.
La dinámica interna en la Casa Rosada muestra a un equipo que trabaja en tándem, donde Santilli gestiona el diálogo territorial y Caputo resguarda el equilibrio fiscal, mientras Adorni garantiza que ninguna erogación desvirtúe el plan de reformas estructurales. Esta nueva instancia de control administrativo pretende blindar la caja del Estado frente a las presiones de las provincias, en un contexto donde el superávit financiero es la premisa innegociable del modelo.



