La investigación por la trágica muerte Ángel en Comodoro Rivadavia ha ingresado en una fase de extrema tensión mediática y judicial tras las recientes declaraciones de la madrastra del menor. La mujer, que se encuentra en el centro del debate público, decidió romper el hermetismo para denunciar lo que considera una campaña de persecución en su contra, asegurando de forma tajante que las acusaciones actuales tienen como único objetivo asustarla y desviar el foco de los verdaderos responsables o de las causas reales que derivaron en el fallecimiento del pequeño.
En una exposición cargada de dramatismo, la mujer sostuvo que se está construyendo un relato basado en prejuicios y sospechas infundadas antes de que la Justicia pueda expedirse con pruebas científicas. Según su postura, existe una presión social coordinada para instalar una culpabilidad prematura que oculte posibles negligencias de otros actores o instituciones que debían velar por la salud del niño.
Cautela en la Justicia

Este descargo surge en un momento de máxima sensibilidad en la ciudad chubutense, donde las movilizaciones frente a los tribunales se han vuelto una constante, alimentadas por una indignación colectiva que exige respuestas inmediatas ante la pérdida de una vida tan joven.
Desde el ámbito judicial, la fiscalía mantiene una cautela rigurosa mientras procesa los informes preliminares de la autopsia y analiza el historial de intervenciones de los organismos de niñez locales. Los investigadores buscan determinar si existieron antecedentes de maltrato físico o si, por el contrario, el desenlace fatal estuvo vinculado a una patología médica no detectada a tiempo.
En este contexto, la estrategia de la madrastra de hablar públicamente parece intentar frenar lo que su defensa califica como un "linchamiento social" que podría condicionar el ánimo de los testigos y de los propios peritos que deben intervenir en la causa.
El caso ha trascendido las fronteras de Comodoro Rivadavia para convertirse en un emblema de la fragilidad de los sistemas de protección infantil. Mientras la mujer insiste en que se está utilizando su imagen para confundir a la opinión pública, la querella y los familiares directos del niño reclaman que se investigue a fondo el entorno convivencial y las dinámicas familiares de los últimos meses.
La batalla por la verdad se libra ahora en dos frentes: uno en los expedientes, donde la ciencia forense tendrá la última palabra, y otro en el espacio público, donde el cruce de acusaciones y las denuncias de maniobras distractivas no hacen más que profundizar el dolor y la incertidumbre en torno a una tragedia que aún no encuentra consuelo ni explicaciones definitivas.



