China ignora los aranceles de Trump y alcanza un superávit comercial de 1,19 billones de dólares

A pesar de las barreras comerciales impuestas por Estados Unidos, el gigante asiático cerró 2025 con un crecimiento del 20% en su saldo exportador.
Por: #BorderPeriodismo

El escenario económico global ha dado un giro inesperado al cierre del ciclo 2025. Contra todos los pronósticos que auguraban un debilitamiento de la industria china debido a la agresiva política arancelaria de la administración de Donald Trump, Pekín ha respondido con una contundencia estadística sin precedentes. Según los últimos datos de la Administración General de Aduanas, China registró el mayor superávit comercial de su historia, alcanzando la astronómica cifra de 1,19 billones de dólares, un incremento del 20% respecto al año anterior que redefine el equilibrio del poder financiero internacional.

El éxito de esta ofensiva comercial no fue casual, sino fruto de una compleja red de maniobras logísticas y políticas. Aunque el superávit directo con Estados Unidos cayó un 22%, las fábricas chinas demostraron una resiliencia asombrosa. Para esquivar los aranceles estadounidenses, las compañías asiáticas redirigieron sus cadenas de suministro a través de países del sudeste asiático, México y África, donde los productos terminan de ensamblarse o simplemente se re etiquetan para ingresar al mercado norteamericano bajo regímenes arancelarios más favorables.

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Capitalismo planificado

Paralelamente, el gigante asiático dejó de mirar obsesivamente hacia el norte para volcar su capacidad productiva en el Hemisferio Sur. Las exportaciones hacia América Latina, África y la Unión Europea crecieron a un ritmo vertiginoso, impulsadas por una política de precios agresiva que los competidores locales difícilmente pueden igualar.

Con el mercado inmobiliario chino aún en ruinas y el poder adquisitivo de las familias locales golpeado por la pérdida de ahorros, la demanda doméstica se encuentra estancada. Ante la imposibilidad de vender dentro de casa, las fábricas chinas han optado por "exportar" su exceso de capacidad a cualquier costo.

A esto se suma la persistente debilidad del renminbi, que el gobierno de Xi Jinping ha mantenido en niveles bajos para garantizar que los productos "Made in China" sigan siendo los más competitivos del planeta. Esta combinación de factores ha creado un desequilibrio tal que el superávit manufacturero de China ya representa más de una décima parte de toda su producción económica anual.

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Un futuro de tensiones y advertencias

La magnitud de este flujo comercial ha encendido luces rojas en los organismos de crédito. La directora gerente del FMI, Kristalina Georgieva, fue tajante en sus advertencias: China es ahora una economía demasiado masiva como para pretender crecer únicamente a través de las ventas al exterior sin fracturar el sistema de comercio mundial. El temor subyacente es que este "tsunami" de productos baratos termine por destruir el tejido industrial de naciones en desarrollo y potencias medias por igual, provocando cierres de fábricas y despidos masivos.

Pese a las críticas, Pekín parece decidido a mantener el rumbo. En su reciente plan económico quinquenal hacia 2030, reafirmó su meta de autosuficiencia tecnológica, un mensaje claro de que no solo busca vender más, sino depender menos de las importaciones de alta tecnología de Occidente, consolidando una hegemonía comercial que, por ahora, parece inmune a las sanciones.

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