El sistema financiero global despertó este lunes en medio de una tormenta perfecta. La escalada bélica en Medio Oriente estranguló una de las arterias energéticas más vitales del planeta, el Estrecho de Ormuz, empujando al barril de petróleo hasta las puertas de los 120 dólares. La reacción del mercado fue inmediata y visceral: un desplome masivo en las bolsas internacionales que eleva el "índice del miedo", a niveles que no se veían en meses.
La volatilidad se apoderó de los inversores, quienes descuentan ahora un escenario de estanflación ante el drástico aumento de los costos de la energía, que afecta desde el transporte hasta la industria pesada.
La jornada en Asia anticipó el pánico que se replicaría en el resto del mundo. Los mercados de capitales de la región sufrieron caídas que no se observaban en años, impulsadas por el temor a que el encarecimiento de la energía erosione los márgenes de beneficio corporativos.
El factor Ormuz y la respuesta del G7
El salto del 25% en la cotización del crudo no es un movimiento técnico; es un reflejo de la incertidumbre geopolítica. Con el bloqueo efectivo del Estrecho de Ormuz, las cadenas de suministro globales quedaron expuestas.
La respuesta de las potencias occidentales será decisiva. Hoy, los ministros del G7 celebran una reunión de urgencia para articular una estrategia coordinada. Sobre la mesa está la liberación coordinada de reservas estratégicas de petróleo, una medida diseñada para contener el precio antes de que el "shock" de oferta se traslade a la inflación minorista y al consumo global. La primera ministra de Japón confirmó que el país, que depende en un 95% del crudo de Medio Oriente, tiene capacidad para cubrir 254 días de consumo interno, pero la duda es cuánto tiempo puede sostenerse esta situación si el conflicto escala.
En Estados Unidos, el mercado de futuros ya anticipa una jornada de alta intensidad. El "índice del miedo" saltó un 12% hasta los 29,43 puntos, una señal clara de que los inversores están comprando coberturas agresivamente para protegerse contra oscilaciones drásticas en los precios de los activos.



