Covid-19: Los trastornos cotidianos de nuestra cuarentena

Los más de 80 días de aislamiento social trastocaron muchos de nuestros comportamientos. Consejos para no sólo cuidarse sino también combatir el malestar frente a estos cambios repentinos en la rutina diaria.
Por: Damian Cappelli

Llevados quizá por las medidas del gobierno contra la pandemia, tal vez alertados por el caudal de noticias e incluso alarmados por nuestro propio temor, está claro que ante este panorama el “orden” de nuestros días cambió sus prioridades.

Hoy, miles de personas en todo el mundo se preguntan a diario cuán limpias tienen las manos, qué tan cerca están del otro o qué jabón elegir para matar virus y microbios. Lo que hasta ayer nos causó gracia en series como “Monk” o películas de la talla de “Mejor Imposible” hoy lo terminamos haciendo.

  • Nos lavamos las manos cada 30 minutos y evitamos tocar los picaportes ajenos; los propios, por supuesto, impolutos.
  • Al salir nos ponemos a la moda; ya hay barbijos estupendos con diseños para combinar. Tocamos con el codo el botón del ascensor y esquivamos a viajar acompañados. Las escaleras, hoy día, registran el mayor tráfico de su historia.
  • Respetamos la distancia, casi todos, y hay vecinos que hasta saltan para atrás como un gato acojonado, al cruzarlos de repente en una esquina.
  • Apenas si hablamos, las microgotas nos dan fobia.
  • En el tren, subte o colectivo trapeamos el asiento y hasta hacemos equilibrio para evitar el pasamanos.
  • Con terror eludimos hospitales, geriátricos o lugares que eventualmente albergaran a infectados.

Pueden, por supuesto, ser medidas consecuentes de la precaución, pero en pos de nuestra salud mental será preciso establecer una frontera que divida lo esencial, prudente y necesario de aquellas conductas que resulten extremas.

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Lo que deja la pandemia

Ahora bien, si “Mejor Imposible” te causó alguna gracia o en ese entonces la viste como una comedia, quizás debieras hoy volver a mirarte en ese espejo de ansiedades. Lavar, tocar, evitar, pensar o temer, verbos asociados a ansiedades y a trastornos obsesivos, se transforman en pilares eternos, quijotescos, si acaso despiertan pensamientos o acciones que se extienden más allá de lo lógico o necesario, o si adviertes que devienen en “rituales” cotidianos.

 

No está mal, en dosis pequeñas, tomar precauciones que nos mantengan alerta durante un tiempo prudente. Pero qué pasaría, sin embargo, si fueras como Melvin (el protagonista) y te sintieras “obligado” a realizar este tipo de acciones cada día de tu vida bajo un agobio que no puedas gobernar… ¿Te lo has planteado alguna vez? Por suerte para muchos, la pandemia es pasajera. Pero aun así el problema no es menor; la ansiedad durante el confinamiento puede ocasionar trastornos duraderos en el tiempo, tal cual señala la revista médica The Lancet en una reciente revisión al respecto de la cuarentena.

Depresión, irritabilidad, insomnio, síntomas de estrés postraumático, trastornos emocionales, confusión y enojo, son algunos de los problemas que allí se mencionan. Los autores de esta nueva revisión dicen que la comunidad médica debe ser consciente de las altas tasas que presentarán estos problemas mentales comunes luego de la pandemia.

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En tono similar se manifiestan los psicólogos locales. “La interrupción brusca del ritmo de vida en una persona genera una marcada desorganización en el psiquismo, debido a la falta de rutinas, metas y objetivos como propuesta de vida” sostiene la licenciada Nelly Spitaleri, psicóloga, psicoterapeuta y ex docente de la UBA. “Extendido en el tiempo -agrega- puede ocasionar daños severos en estructuras frágiles que no cuenten con defensas adaptativas suficientes”.

De este modo, si bien nadie está exento de sufrir los trastornos que acarrea el encierro, quienes parecen llevar la peor parte son aquellos con cuadros preexistentes: alguien que sufre de depresión podría agravar su estado, aquellos angustiados por la higiene pueden acentuar los trastornos obsesivos compulsivos, o un adicto al juego podría recaer, sin apoyo profesional, ante el abanico de propuestas presentes en internet.

Para los más vulnerables, entonces, será fundamental continuar con las terapias e indicaciones profesionales particulares. Y a la vez, para todos, será esencial priorizar ciertas acciones destinadas a dotarnos de aquellas “herramientas” necesarias para moderar la ansiedad ante factores que nos muestran propensos y endebles, como la pérdida de ingresos, la inestabilidad laboral y el aislamiento social.

Consejos para moderar la ansiedad
Además de atender a las recomendaciones publicadas por el Ministerio de Salud para transitar el aislamiento lo mejor posible debes tener en cuenta, en resumen, los siguientes consejos para evitar que tu salud mental sufra las consecuencias de este encierro imprevisto al que nos cuesta acostumbrarnos.

  • Organizar una rutina de trabajo.
  • Mantener horarios de alimentación.
  • Incorporar actividad física.
  • Comunicarse con familiares y amigos a través de la tecnología.
  • Tomar descansos y no estar pendientes de las noticias referentes al “avance” de la pandemia (incluso si esta nota te perturba, te sugiero que abandones su lectura).
  • Consumir alimentos saludables, comidas nutritivas y balanceadas.
  • Hacer ejercicio regular por la mañana o la tarde, y dormir bien.
  • Tomar un tiempo para relajarse. Respiraciones profundas, ejercicios de estiramiento o meditación pueden ayudar a lograrlo.
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Lo cierto es que no importa cuándo empiecen a reabrir los comercios, empresas y escuelas, porque los temores y ansiedades atados a esta pandemia se extenderán sobre nosotros durante muchos meses más.

De modo que al volver, igual que has hecho al salir, tocarás con el codo el botón del ascensor y en vez de un felpudo pisarás un trapo remojado en lavandina; volverás a lavarte las manos y hasta puede que te des otra ducha. Y a las nueve en punto, como todo argentino, aplaudirás al personal de la salud. Ojo, siempre que ejerzan su trabajo “lejos” de tu hogar…

En resumen, alertarse más de lo debido no es la solución. Vale, en cambio, atenerse a ciertas normas, respetarnos y organizar una rutina diaria, casera y saludable, que si bien es duro todo pasa. Porque al fin y al cabo, resulta IMPOSIBLE estar MEJOR que en nuestra propia casa.

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