La población cubana vivió un nuevo apagón en todo el país tras la desconexión total del Sistema Electroenergético Nacional. Se trata del sexto episodio de este tipo en el último año y medio.
La empresa estatal Unión Eléctrica (UNE) informó el corte de energía a través de las redes sociales y que se activaron los protocolos de emergencia para intentar restablecer el servicio. También advirtió que la normalización del mismo podría demorar varias horas debido a la magnitud del deterioro de la infraestructura.
#AHORA || Ocurrió una desconexión total del Sistema Electroenergético Nacional. Comienzan a implementarse los protocolos de restablecimiento.
👉 Continuaremos informando. pic.twitter.com/nZq5aakE3Y
— Unión Eléctrica de Cuba (@OSDE_UNE) March 16, 2026
No obstante, horas antes, la misma compañía estimó que el 62% del país estaría sin electricidad en el horario de mayor demanda, y que la brecha entre generación y consumo alcanzaría un déficit de 1.930 megavatios (MV) en ese momento. De acuerdo a AFP, las precisiones indicaron que solo habría 1.220 MV disponibles de 3.150 MV, la demanda máxima esperada.
El último corte de gran magnitud, uno de los mayores registrado en los últimos años conforme al medio mencionado, había ocurrido el pasado 4 de marzo, cuando cerca del 68% de la población se quedó sin luz al mismo tiempo.
El problema energético de Cuba
Esta interrupción del suministro profundiza la crisis energética que la isla vive desde mediados del 2024. Además del alto nivel de deterioro, gran parte de la infraestructura eléctrica nacional funciona con cortes frecuentes porque está dañada o le realizan trabajos de mantenimiento prolongados.
Según EFE, actualmente, nueve de las dieciséis unidades termoeléctricas que integran el sistema nacional se encuentran fuera de servicio. Estas plantas generan alrededor del 40% de la energía del país, por ende, si no funcionan, se reduce la capacidad del sistema para cubrir la demanda interna.
El sistema eléctrico cubano genera energía mayormente gracias a plantas termoeléctricas antiguas y combustibles importados. Sin embargo, su capacidad operativa disminuyó con el tiempo debido a la combinación de tres factores: infraestructura envejecida, escasez de recursos para mantenimiento y limitaciones en el suministro de combustibles.
La frecuencia e intensidad de los apagones creció en los últimos meses y, por consecuencia, generó dificultades en el funcionamiento de hospitales, escuelas, industrias y servicios básicos. Asimismo, afectó fuertemente a la economía y empeoró el malestar social.
Sectores productivos clave debieron reducir o hasta suspender actividades y, en paralelo, la población comenzó a realizar más protestas esporádicas, así como reclamos en las redes sociales.



