En el universo de la medicina de alta complejidad, existe un procedimiento que desafía los límites biológicos convencionales. Se trata de la tromboendarterectomía pulmonar (TEP), calificada a nivel global como la intervención quirúrgica más exigente y delicada del planeta. Destinada a revertir la hipertensión pulmonar tromboembólica crónica (HPTC), esta práctica solo se ejecuta en 26 países, siendo la Argentina uno de los pocos eslabones de la región con la capacidad técnica para concretarla.
El doctor Marcelo Nahín (57), actual jefe de Cirugía del Hospital El Cruce de Florencio Varela, es el único profesional que encabeza este tipo de operaciones dentro del sector público de salud en el país, según reveló Clarín. Con una naturalidad asombrosa, el especialista detalla el protocolo extremo que demanda salvar la vida de estos pacientes. "La complejidad es total: debemos inducir al paciente a una hipotermia profunda, enfriando su cuerpo hasta los 18 grados. Una vez alcanzada esa temperatura, se detiene por completo el corazón y se procede a extraer la totalidad de la sangre del organismo, que oscila entre los cuatro y cinco litros. Con un casco de hielo en la cabeza del paciente, recién ahí operamos las arterias", precisa Nahín.
La "odisea diagnóstica": el peligro de confundir el cuadro con asma o EPOC
El síntoma inequívoco de esta patología es la disnea progresiva, una asfixia invalidante que impide realizar tareas mínimas como caminar media cuadra o ir al baño. Sin embargo, el camino hacia la cura suele convertirse en un laberinto burocrático y médico.
Nahín calcula que en la Argentina existen cerca de 5.000 personas que padecen esta afección sin saberlo. Al presentar dificultades respiratorias pero registrar estudios pulmonares normales en las vías aéreas, los pacientes suelen ser erróneamente medicados por cuadros de asma, EPOC o, incluso, derivados a psiquiatría bajo la presunción de sufrir ataques de pánico.
La estadística advierte que cada año se registran 750 nuevos casos de embolia pulmonar crónica en el territorio nacional, de los cuales al menos 400 calificarían para ingresar al quirófano. Pese a esto, la falta de detección temprana hace que apenas se practiquen unas 15 cirugías anuales en el país.
De una baldosa floja a una operación de doce horas
Una de las mayores paradojas de esta condición radica en la aparente simpleza de sus desencadenantes. Alrededor del 60% de los coágulos sanguíneos (trombos) en los miembros inferiores se originan por la inmovilidad durante internaciones clínicas comunes, pero los accidentes cotidianos también juegan un rol central.
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El factor gravedad: Las venas de las piernas son las que mayor esfuerzo realizan para retornar la sangre al corazón.
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Lesiones menores: El cirujano relata haber operado con éxito a pacientes cuya patología crónica se inició a partir de un esguince de tobillo tras pisar una baldosa floja.
Dada la rigurosidad del procedimiento, que demanda un equipo interdisciplinario de diez profesionales dentro de la sala y hasta 12 horas continuas de labor, Nahín preserva una rutina estricta antes de cada intervención: reclusión hogareña, cero estrés, cena liviana y un descanso absoluto para garantizar la máxima precisión.
El legado de Favaloro y una segunda oportunidad de vida
La formación de Nahín está ligada de forma directa a la época dorada de la cardiocirugía local. Tras ingresar por concurso a la Fundación Favaloro en 1997, se desempeñó como jefe de residentes y asistió de forma directa a René Favaloro durante sus últimos tres años de vida. "De él aprendí que el único protagonista absoluto del acto médico es el paciente; su austeridad y entrega marcaron a fuego mi carrera", evoca con profunda admiración.
Volver a cantar: el caso en primera persona
La efectividad del tratamiento se ve reflejada en historias como la de Walter Rodríguez (60), un cantante de la localidad de Berisso. En 2022, al realizar un esfuerzo desmedido para proteger a su mascota del ataque de un pitbull, sufrió una fractura de brazo que derivó en una internación prolongada, una posterior trombosis y una consecuente embolia pulmonar crónica.
Tras pasar dos años sin poder trabajar, recluido y con severas taquicardias que truncaron su carrera artística por la falta de oxígeno, Rodríguez superó el temor inicial y se entregó a las manos del equipo del Hospital El Cruce. A solo cinco días de la compleja intervención que detuvo su organismo por completo, el paciente ya caminaba por sus propios medios y llegó a entonar dos tangos en el hall del hospital como muestra de su total recuperación.



