El presidente de Estados Unidos, Donald Trump, llegó este miércoles a Pekín para iniciar una visita de Estado a China, su segunda visita oficial al país desde 2017, y se reunirá este jueves con su homólogo Xi Jinping en una cumbre marcada por las tensiones comerciales, la guerra de Washington contra Irán y las disputas sobre Taiwán y la competencia tecnológica.
La gira de dos días se enmarca en un escenario de alta tensión global, donde Washington busca coordinar con Pekín para manejar riesgos sin entrar en una confrontación militar directa.
Tregua comercial
La cumbre se produce en el marco de una tregua comercial entre las dos mayores economías del mundo, negociada en 2025, que frenó temporalmente la guerra de aranceles pero dejó pendientes varios puntos sensibles. Trump y Xi volverán a revisar la duración de la moratoria, el nivel de gravámenes y la suspensión de controles a la exportación de minerales raros, vitales para la industria tecnológica y militar estadounidense.
Trump viaja acompañado por el secretario de Estado, Marco Rubio, y una delegación de empresarios, incluidos figuras de Silicon Valley como Elon Musk y Jensen Huang, lo que indica que el foco estará tanto en diplomacia como en acuerdos de inversión.
No obstante, en el último año han vuelto a aparecer roces por el acceso a semiconductores, control de la propiedad intelectual y acusaciones de espionaje, lo que hizo que la visita de Trump se prepare con tono de “cumbre de alto voltaje”, donde cada palabra puede marcar un giro en la relación bilateral.
Paralelamente, el conflicto armado entre Estados Unidos e Irán ocupa un lugar central en la agenda de Trump y Xi. Aunque China mantiene una postura de neutralidad pública, se ha mostrado crítica con el escalamiento de la guerra y ha pedido una solución diplomática. Trump busca presionar a Pekín para que use su influencia sobre Teherán, evitar una expansión regional del conflicto y asegurar el suministro de energía al resto del mundo.
El tema de las armas nucleares, el equilibrio de poder en la región del Pacífico, y el papel de China en el litio y otros recursos estratégicos serán también parte de las conversaciones. La cumbre podría sentar las bases de un nuevo espacio de diálogo permanente entre ambas potencias, con la creación de una posible Junta de Comercio y una Junta de Inversiones para reducir la incertidumbre en el comercio bilateral.
Una visita cargada de símbolos
La llegada de Trump a Pekín capta una atención internacional descomunal, no solo por el contenido de la cumbre sino también por la carga simbólica: es el primer presidente estadounidense en visitar China tras una década de disputas económicas y tecnológicas, y su encuentro con Xi puede marcar un antes y un después en la relación entre las dos superpotencias.
El mensaje de ambos líderes oscilará entre cooperación en temas de seguridad económica y diferencias en derechos humanos, sistema político y hegemonía global, pero en esta ocasión el foco quedará en encontrar puntos de acuerdo que eviten una nueva escalada comercial o militar, justo cuando el mundo atraviesa una de las semanas más tensas desde el inicio de la guerra contra Irán.



