La noche del 25 de febrero se produjo el hundimiento del buque pesquero Heleno A frente a las costas de Río Negro, poco después de zarpar desde el puerto de San Antonio Oeste con destino a Quequén, donde estaba previsto su desguace.
La embarcación presentó problemas en alta mar y se hundió en aguas del Atlántico argentino, a pesar de navegar en convoy junto al pesquero Marina Z, que alertó sobre la emergencia y logró rescatar a cuatro marineros.
Estos sobrevivientes fueron trasladados de inmediato al puerto rionegrino, donde recibieron asistencia médica preventiva y fueron derivados a un centro de salud para exámenes más exhaustivos, encontrándose en buen estado general.
Sin embargo, un maquinista de la tripulación permanece desaparecido, motivo por el cual se desarrolla un amplio operativo de búsqueda en la zona del Golfo San Matías. La Prefectura Naval Argentina coordina el caso SAR (búsqueda y rescate), movilizando tanto recursos marítimos como aéreos para intensificar el rastreo.
El despliegue incluye al guardacostas GC-69 Río Paraná, un pesquero en las inmediaciones, un avión de la Estación Aérea Comodoro Rivadavia y un helicóptero institucional, ambos sobrevolando la zona para ampliar la búsqueda en superficie. Además, se sumó el guardacostas GC-26 Thompson para reforzar el operativo.
Las autoridades mantienen el caso en condición pendiente, con un despliegue activo para localizar al tripulante desaparecido y esclarecer las causas que provocaron el hundimiento, cuya investigación aún está en curso.
Entre 2000 y 2019, se registraron cerca de 44 naufragios de pesqueros y más de 100 muertes en Argentina, vinculados principalmente a la expansión acelerada y sin control del negocio del langostino. La incorporación de barcos modificados sin la inspección adecuada generó múltiples tragedias en la industria pesquera nacional.
Ante esta problemática, familiares de víctimas conformaron la agrupación Ningún Hundimiento Más, que impulsó medidas como la obligatoriedad de doble balsa salvavidas y trajes de exposición térmica para los trabajadores.
Estos equipos pueden mantener a flote a una persona y preservar su temperatura corporal hasta por seis horas, un dato clave dado que el agua en las zonas de naufragio puede alcanzar temperaturas de 3 grados bajo cero, donde la supervivencia sin protección no supera los 15 minutos.



