La despedida de Carlos Alberto "El Indio" Solari pasará a la historia como una de las manifestaciones populares más gigantescas y movilizantes de la cultura argentina, alcanzando dimensiones que solo se comparan con los funerales de Juan Domingo Perón o Evita. En medio de un mar de casi un millón de personas que coparon las calles, una escena íntima y profundamente humana logró quebrar la enorme tensión del luto colectivo.
El hecho ocurrió en el Microestadio Gatica, en Avellaneda, donde la fila de seguidores se extendió por más de nueve kilómetros bajo la lluvia y el frío. Allí, una joven fanática, completamente desbordada por la angustia, rompió en llanto pegada a las vallas que custodiaban el acceso al féretro. Sus sollozos llamaron la atención de Virginia Mones Ruiz. "Viru", la mujer que acompañó al Indio en un perfil estrictamente bajo durante 45 años, decidió romper el protocolo, cruzar el límite y acercarse a contenerla.
Un pacto de afecto en medio del dolor
Sin discursos ni intenciones de protagonismo, Virginia tomó el rostro de la joven con ambas manos y le habló con una ternura infinita: "Tenés que ser fuerte, quedate todo lo que quieras". Ante la mirada conmovida de los presentes, se fundieron en un abrazo contenedor. Antes de despedirse, Viru le hizo una promesa que selló el instante y se transformó en el símbolo definitivo de la jornada: "Yo le doy el beso al Indio de tu parte".
El registro del encuentro no tardó en viralizarse en las redes sociales, replicándose miles de veces como el fiel reflejo de la empatía ricotera. Segundos después, otras dos mujeres se acercaron a la viuda para tomarle las manos y expresarle el sentimiento de toda una comunidad: "La mejor compañera fuiste vos en todos estos años. Gracias por lo que hiciste por nosotras".
El velatorio en Avellaneda requirió de una logística sin precedentes en tiempo récord, coordinando el arribo de cientos de micros provenientes de distintas provincias del país y controlando un flujo constante de miles de personas por hora a lo largo de la avenida Bartolomé Mitre.
Tras el cierre de las puertas, la familia del artista difundió un sensible mensaje de gratitud hacia los fanáticos y los encargados de la seguridad: "Gracias a todos los que hicieron este esfuerzo: tanto los que se acercaron y los que lloraron donde los sorprendió la pena, como las toneladas de muchachos y muchachas que hicieron posible y formaron parte de la organización descomunal que supuso esta despedida, en tiempo récord".
En el mismo escrito, su círculo íntimo recordó una de las máximas del cantante para intentar llevar algo de consuelo: "Él nos anticipó que las despedidas son estos dolores dulces. Lo que no nos avisó fue que dolores dulces como estos iban a durar toda nuestra vida".
La despedida concluyó con una revelación que conmovió a los seguidores: la familia detalló que en su búnker privado quedaron encendidos tanto su amplificador Marshall como el equipo de sonido en el que el Indio repasaba sus últimas composiciones. Bajo la consigna definitiva de "Que su música no pare nunca más", el mito quedó blindado en el alma del pueblo, con la certeza de que su obra seguirá sonando para siempre.



