El fútbol suele regalar narrativas que superan la ficción, pero pocas tan perfectas como la que envuelve la gran final del Mundial 2026 entre Argentina y España. Mucho antes de que el extremo español de 18 años se consolidara como la gran aparición del fútbol europeo y guiara a la Roja al duelo decisivo en Nueva Jersey, sus caminos con Lionel Messi se cruzaron en un escenario sumamente atípico: una bañera de plástico en los camarines del Camp Nou en septiembre de 2007.
Aquel registro fotográfico, que permaneció archivado durante casi veinte años, cobró una dimensión colosal en la previa de la final. En las imágenes, un jovencísimo Messi de apenas 20 años aparece sonriente, ayudando a bañar con agua y espuma a un bebé de seis meses que, por obra del destino, resultó ser Lamine Yamal.

El azar de un sorteo comunitario y la timidez del "10"
La trastienda de la mítica sesión fotográfica revela que el encuentro fue producto de una absoluta casualidad. La producción formaba parte de un calendario benéfico para el año 2008 coordinado por la Fundación FC Barcelona, el diario deportivo Sport y UNICEF.
La familia de Yamal, residente del humilde barrio de Rocafonda en Mataró, obtuvo la oportunidad de asistir tras ganar un sorteo vecinal organizado por la entidad de las Naciones Unidas. "Se anotaron para tener una foto grupal con alguna figura del club en el Camp Nou y ganaron. Por puro azar, el futbolista que les tocó fue Messi", rememoró el fotógrafo Joan Monfort, autor de la emblemática placa.
El fotógrafo recordó las dificultades iniciales de la sesión debido al perfil reservado del astro argentino. "Leo salía de cambiarse y de pronto se topó con un natatorio improvisado y un bebé. Al principio estaba sumamente tenso y no sabía cómo interactuar, pero un juguete inflable ayudó a romper el hielo y permitió capturar esa sonrisa espontánea", detalló Monfort sobre la que hoy es, por amplio margen, la foto más famosa de su catálogo profesional.
De la bendición cruzada a la final del MetLife Stadium
La existencia de las fotografías se mantuvo bajo estricto resguardo familiar hasta mediados de 2024, cuando el padre de Lamine, Mounir Nasraoui, decidió publicarlas en sus redes sociales catalogándolas como "el inicio de dos leyendas". La imagen cobró fuerza de mito urbano y el propio Yamal admitió que su entorno prefirió no lucrar ni generar revuelo con el archivo para evitar que la presión mediática lo asfixiara desde adolescente.
"Nadie quiere que lo comparen con el futbolista más grande de la historia, porque es una batalla perdida de antemano", reconoció con madurez el delantero del Barcelona al ser consultado sobre el paralelismo con Messi.
Con el choque por el título del mundo en el horizonte inmediato, las declaraciones del juvenil español adquieren carácter de premonición cumplida: "Mi gran anhelo era cruzarme con él en una final". El próximo domingo, bajo el cielo de Nueva Jersey, el bebé de la bañera de plástico y el mito viviente que lo sostenía definirán quién se queda con la gloria máxima del deporte rey.



