Tras la quiebra directa de Plunimar, la empresa operadora del emblemático Aquarium Mar del Plata, decretada el pasado 20 de febrero por el Juzgado Nacional en lo Comercial N°20, un total de 66 ejemplares marinos quedaron judicializados como parte del activo de la compañía.
El complejo, propiedad de la multinacional mexicana The Dolphin Company, cerró sus puertas definitivamente el 31 de marzo de 2025 tras el fracaso en la renovación del alquiler de las tierras que ocupó desde 1993. Hoy, en un predio sin ingresos por entradas y con una operatividad mínima, la supervivencia de la fauna es el eje de una batalla legal.
Actualmente, el inventario de animales que permanecen en las piletas del complejo incluye: 56 pingüinos magallánicos; 2 pingüinos rey; 4 saltarrocas y 4 lobos marinos.
Para garantizar su integridad, una guardia mínima de 12 cuidadores y especialistas se mantiene en el lugar, abocada exclusivamente a la alimentación, sanidad y seguridad de las especies. Sin embargo, cualquier movimiento o traslado, ya sea a otras instituciones nacionales o al exterior, debe contar con el aval expreso de la Justicia.
El antecedente
A finales de 2025, en un intento por paliar la crisis salarial antes de la quiebra, la empresa logró trasladar a 10 delfines nariz de botella (entre ellos los conocidos Zaiko, Lara y Olivia) hacia un acuario en Hurgada, Egipto. La operación, valuada en USD 800.000, permitió financiar los sueldos y el mantenimiento del resto de la población animal durante los meses de agonía financiera.
A diferencia de aquel traslado, los intentos por reubicar al resto de la fauna en China, México o San Pablo han fracasado sistemáticamente debido a las rigurosas trabas sanitarias y las normativas ambientales internacionales que regulan el comercio de fauna marina.
En las últimas semanas, denuncias en redes sociales alertaron sobre el presunto deterioro del agua en los estanques. No obstante, fuentes municipales y de la propia firma aseguraron que el color del agua responde a su origen oceánico directo y que se están cumpliendo los protocolos básicos de bienestar.
El conflicto de fondo radica en el uso del suelo. Los propietarios del terreno decidieron no renovar el contrato con The Dolphin Company para destinar las tierras a nuevos desarrollos inmobiliarios o turísticos, dejando a la fauna en un "limbo" administrativo.
La Justicia deberá definir en las próximas semanas si autoriza el traslado de los pingüinos y lobos marinos a centros de rehabilitación o zoológicos que cumplan con los estándares de bienestar humano.



