Iván Colmenares, un joven colombiano que estuvo detenido durante un año en Venezuela, dio a conocer un testimonio que expone las condiciones de encierro en el penal El Rodeo I —actualmente denominado CESMAS (Servicio Especial de Máxima Seguridad)— y su convivencia con Nahuel Gallo, el gendarme argentino arrestado por el régimen de Nicolás Maduro.
Colmenares y Gallo compartieron varios meses de detención en ese centro, señalado por la vulneración sistemática de derechos básicos y la utilización de acusaciones políticas arbitrarias. El colombiano fue imputado por “terrorismo” y “conspiración”, cargos que, según relató, son utilizados con frecuencia por el gobierno venezolano para presionar a extranjeros privados de su libertad.
El vínculo entre ambos comenzó a fines de 2024. “Yo llegué al Rodeo el 25 de noviembre y Agustín llegó el 13 de diciembre. Recuerdo que lo pusieron en la celda de al lado”, contó Colmenares, quien se refiere a Gallo por su segundo nombre.
En su relato, describió el funcionamiento del penal como una “obra teatral”, sin acceso real a defensa legal ni garantías judiciales. “Entrás en un limbo jurídico. Te inventan una causa, te ponen a firmar documentos bajo coacción y te dicen que eres un terrorista”, explicó.
Uno de los pasajes más sensibles de su testimonio estuvo vinculado al impacto emocional que la detención tuvo en Nahuel Gallo. Según Colmenares, el gendarme atravesaba una fuerte tortura psicológica por la imposibilidad de comunicarse con su familia en Argentina, ya que no recordaba de memoria los números telefónicos en los escasos momentos habilitados para llamar.
“Él hablaba muchísimo de su hijo, de su crecimiento. Me daba mucha rabia porque le estaban robando ese tiempo, esos lazos que se crean entre un padre y un hijo”, relató. Además, afirmó que durante siete meses las familias de ambos desconocieron si seguían con vida.
Colmenares sostuvo que eran “presos políticos llevados allí para que los países puedan negociar con nosotros; para un intercambio de intereses políticos o económicos”.
Sobre el trato recibido por parte de agentes de la Dirección General de Contrainteligencia Militar (DGCIM) y del personal penitenciario, fue contundente: “Nos encapuchaban, nos esposaban y nos pegaban con los rifles en los traslados. Usaban gas lacrimógeno y gas pimienta dentro de las celdas si no hacíamos lo que querían”.
Ya en libertad, el joven colombiano advirtió que en El Rodeo I permanecen detenidas personas de más de 35 nacionalidades en condiciones similares. En ese contexto, hizo un llamado a la comunidad internacional: “Nahuel y los demás no son terroristas, son personas inocentes que están viviendo el flagelo del secuestro y la desaparición forzada”.



