Mientras la ciudad de San Cristóbal intenta procesar la muerte de Ian Cabrera (13), la investigación se traslada ahora al submundo digital donde el agresor, C.G., alimentaba una peligrosa obsesión.
Bajo un alias que ocultaba su identidad real pero que era conocido por sus pares, el adolescente participaba activamente en comunidades que rinden culto a perpetradores de masacres históricas, según reveló Infobae. Desde los autores de Columbine (1999) hasta el reciente ataque en Belgrado (2023), la actividad online del joven revela un patrón de radicalización y búsqueda de pertenencia en la violencia.

Idolatría y "muerte heroica"
Tras el tiroteo, la cuenta de redes sociales adjudicada al menor se convirtió en un santuario para usuarios que celebran la violencia escolar. Palabras como "Ídolo", "Héroe" y pedidos de "Pronta libertad" inundan sus publicaciones, que intercalaban citas del escritor japonés Yukio Mishima sobre la inexistencia de la "muerte heroica" en la modernidad con videos de ejecuciones y autolesiones.
Esta subcultura, a menudo denominada True Crime Community en sus vertientes más extremas, utiliza memes y estéticas visuales (como la famosa remera de "Natural Selection" de Eric Harris) para validar actos de terrorismo doméstico entre adolescentes.

A pesar de su actividad en redes, el perfil presencial de C.G. era el de un "pibe tranquilo". Sin antecedentes de mala conducta escolar ni registros de bullying directo con la víctima, los peritos psicólogos intentan determinar qué gatilló el ataque aleatorio.
Factores clave del entorno familiar:
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Ausencia paterna: Su padre, con problemas de consumo de sustancias, reside en otra provincia hace dos años.
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Salud mental en el hogar: Su madre, docente de nivel inicial, se encontraba bajo licencia por carpeta psiquiátrica al momento del hecho.
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Acceso al arma: La escopeta utilizada pertenecía a su abuelo materno, un comerciante local, quien la tenía en su domicilio sin las medidas de seguridad adecuadas.
La defensa del adolescente confirmó que el joven ya se encontraba bajo tratamiento psicológico debido a episodios de autolesión. En sus redes, era frecuente verlo compartir fragmentos de películas donde el dolor físico se presentaba como una vía de escape, una señal de alarma que, combinada con su consumo de videos de muertes violentas, configuró un escenario de alta peligrosidad. "El agresor disparó sin reparar a quién le estaba disparando", señalan fuentes de la investigación, sugiriendo que el acto fue una manifestación de odio generalizado más que un ataque dirigido.
Curiosamente, no todos los espacios digitales fueron complacientes. En plataformas dedicadas a la visualización de contenido violento (gore), otros usuarios se burlaron del ataque calificándolo como un "tiroteo de cuarta" y criticando la falta de "originalidad" al copiar la estética de Columbine. Paradójicamente, el propio C.G. había participado meses atrás en la "desactivación" verbal de otro potencial tirador, burlándose de sus intenciones en esos mismos foros.



