A través de un registro audiovisual que permaneció en las sombras hasta hace horas, la opinión pública conoció el rostro del miedo en la voz de Germán Darío Giuliani. Desde un rincón oscuro y con el rastro del cansancio marcado en la cara, el abogado argentino lanzó una advertencia: teme por su integridad física bajo la custodia del régimen venezolano.
Una acusación que desafía la lógica familiar
Las autoridades de Venezuela sostienen un expediente pesado sobre Giuliani. Le atribuyen delitos de terrorismo, tráfico de sustancias ilícitas y mercenarismo. Sin embargo, desde la comodidad de su hogar en Argentina, su esposa Virginia Rivero dialogó con TN desmanteló esta narrativa. Ella asegura que Germán viajó por estrictos compromisos comerciales y que su captura, ocurrida en mayo del año pasado, fue un acto arbitrario donde incluso su acento extranjero jugó en su contra.
Tras pasar siete meses en un comando mínimo de Caracas, donde la luz natural era un lujo escaso, el abogado fue trasladado al módulo 2 del Centro Penitenciario Yare II. En este sector, convive exclusivamente con otros extranjeros considerados presos políticos. Fue apenas en enero pasado cuando Giuliani logró establecer un contacto telefónico de apenas dos minutos; el tiempo suficiente para confirmar su ubicación y ratificar su inocencia ante el silencio de los tribunales.
El pedido de clemencia hacia la Santa Sede
La desesperación llevó a la familia Giuliani a buscar aliados más allá de las fronteras diplomáticas tradicionales. Recientemente, se presentaron ante la Nunciatura Apostólica en Buenos Aires para solicitar la intervención directa del Vaticano. El pedido es concreto: que el Papa Francisco o sus representantes medien ante las autoridades en Caracas para revisar un proceso judicial que, según denuncian, carece de garantías básicas.
A pesar de la censura, la plataforma "Justicia para Giuliani" en Instagram se convirtió en el pulmón de esta causa. Fue a través de esta vía que llegó el video donde el abogado se despide simbólicamente de sus tres hijos ante la incertidumbre de un regreso. La familia apuesta a que la presión internacional y la visibilidad de estos testimonios actúen como un escudo protector para Germán.



