Raúl Guglielminetti, uno de los represores condenados por delitos de lesa humanidad durante la última dictadura militar, murió a los 84 años. El exagente de inteligencia había sido sentenciado a prisión perpetua en 2010 y, meses atrás, había accedido al beneficio de la prisión domiciliaria por el deterioro de su estado de salud.
Conocido por el alias de “Mayor Guastavino”, su fallecimiento fue confirmado este miércoles por la noche por la agrupación HIJOS Capital a través de un mensaje difundido en la red social X. “Nunca dijo dónde están los cuerpos desaparecidos ni nuestras hermanas y hermanos. Ni olvido ni perdón”, expresaron desde la organización de derechos humanos.
¡Hasta Nunca Más!
Murió el genocida Raúl Antonio Guglielminetti. Alias: Mayor Gustavino. Ex agente de inteligencia. Condenado a prisión perpetua por delitos de lesa humanidad
Nunca dijo dónde están los cuerpos desaparecidos ni nuestras hermanas y hermanos
Ni olvido ni perdón pic.twitter.com/A7SFKI8gfL
— H.I.J.O.S. Capital (@hijos_capital) January 21, 2026
Guglielminetti se encontraba detenido en los penales de Ezeiza y Campo de Mayo hasta que, a fines de septiembre del año pasado, una jueza dispuso que continuara la condena bajo arresto domiciliario, debido a su grave cuadro de salud.
Las condenas por crímenes de lesa humanidad
El exespía fue hallado culpable por una extensa lista de crímenes cometidos durante el terrorismo de Estado. Entre ellos, 25 casos de privación ilegal de la libertad agravada y 21 hechos de imposición agravada de tormentos perpetrados en el centro clandestino de detención conocido como “Automotores Orletti”.
También fue condenado por su rol en detenciones y torturas dentro del circuito represivo denominado “ABO” y en el centro clandestino La Escuelita, que funcionó en el Batallón de Ingenieros 188. En ese marco, la Justicia acreditó que durante el golpe de Estado del 24 de marzo de 1976 participó del secuestro del maestro Orlando Balbo, quien sobrevivió a las torturas pero quedó sordo de manera permanente.
En ese momento, Guglielminetti estaba destinado en la delegación Neuquén de la Policía Federal, en representación del Servicio de Inteligencia del Ejército. Además, se lo vinculó con Aníbal Gordon, jefe del grupo parapolicial Alianza Anticomunista Argentina (Triple A), una de las organizaciones responsables de crímenes previos al golpe militar.
Durante el gobierno de Raúl Alfonsín, Guglielminetti integró un grupo de inteligencia paralelo a la SIDE que respondía a la Subsecretaría General de la Presidencia. Bajo el nombre de “mayor Guastavino”, encabezó un equipo que operaba desde el entorno de la Casa Rosada. Con el tiempo, llegaron al despacho presidencial informes que detallaban su pasado criminal, incluyendo secuestros extorsivos de empresarios.
Pese a ello, no fue detenido de inmediato. Recién en agosto de 2006, por orden del juez Daniel Rafecas, fue arrestado en su campo de Mercedes, provincia de Buenos Aires. Desde entonces, fue juzgado y condenado en distintas causas por delitos de lesa humanidad, hasta su muerte, ocurrida más de cuatro décadas después de los crímenes que lo llevaron al banquillo.
El "periodista" del aparato represivo
Durante años, Guglielminetti se hizo pasar por locutor y periodista deportivo. Se desempeñó como cronista en la radio LU5 de Neuquén y contaba con un carné del diario Sur Argentino, medio perteneciente a la familia Sapag. Sin embargo, su verdadera función dentro del aparato represivo era conocida por distintos sectores.
“No había dudas de que era servicio. Al punto tal de que cuando gana Cámpora (las elecciones fueron en marzo de 1973), lo que hace la JP es tomar la radio y echarlo“, afirmó Orlando “Nano” Balbo en una entrevista realizada en 2019. Balbo, fallecido en 2023, fue una de las víctimas directas de Guglielminetti y quedó completamente sordo como consecuencia de las torturas sufridas.
En abril de 2012, Balbo fue el primer testigo en declarar en el juicio contra el represor. Meses más tarde, cuando se dictó la sentencia, su hija Candela se sentó a su lado para escribirle en una pequeña pizarra cada palabra del fallo que condenó a Guglielminetti a prisión perpetua.



