La profunda conmoción que generó el hallazgo del cuerpo de Agostina Vega en un descampado de Córdoba sumó en las últimas horas un capítulo de extrema sensibilidad. La difusión de un manuscrito redactado por la propia víctima de 14 años, elaborado en el marco de una consigna escolar, permitió correr el velo de la crónica policial para visibilizar la identidad, los proyectos y la cotidianidad de la adolescente cuyo crimen es hoy el centro de una urgente investigación judicial.
El documento fue compartido de manera pública por Ramiro, su profesor de música. Lejos de manifestar ambiciones extraordinarias, el cuestionario expone la sencillez de los anhelos de una joven de tercer año de secundaria: el reencuentro diario con sus compañeras en los recreos del colegio, su preferencia culinaria por el asado, el gusto por la lectura de cuentos y su afición por realizar extensiones de pestañas.
Sin embargo, en el apartado destinado a los proyectos de vida se lee la declaración que hoy desgarra a sus allegados: Agostina Vega proyectaba terminar la escuela secundaria y estudiar psicología.
Alertas ausentes: los días previos a la desaparición
Agostina cursaba sus estudios en el IPEM 169 "Rafael Escuti", una institución a la que se había incorporado en septiembre de 2025 debido a una mudanza de su grupo familiar. No obstante, las planillas escolares registran que la adolescente dejó de asistir a las aulas a partir del pasado 8 de mayo.
La interrupción de su escolaridad encendió los protocolos correspondientes. Mónica Benítez, inspectora de Educación Secundaria de la provincia, señaló que ante las faltas reiteradas se activó el programa de "alerta temprana de trayectorias cuidadas". Al comunicarse con la madre de la menor, esta adujo que la inasistencia se debía a un inminente traslado de institución educativa por razones particulares.
Desde la supervisión técnica se especificó que Agostina presentaba un rendimiento promedio y que no se habían identificado indicadores previos de vulnerabilidad extrema dentro del ámbito escolar.
Sin embargo, testimonios recolectados entre sus propios compañeros contradicen la aparente normalidad. Según el relato de una de sus pares del aula, semanas atrás Agostina fue consultada en la vía pública sobre su alejamiento escolar, oportunidad en la que la menor se limitó a responder de forma hermética: "No voy más porque tengo muchos problemas".
La comunidad de Ampliación Ferreyra exige respuestas judiciales
Tras confirmarse el peor desenlace en las inmediaciones del barrio Ampliación Ferreyra, familiares, allegados e integrantes del alumnado se concentraron frente al domicilio familiar en la calle Alem al 3700 para rendirle homenaje y visibilizar su reclamo de justicia.
En un clima de profunda consternación, las jóvenes que compartían el aula con Agostina la describieron como una estudiante querida, pese a las lógicas desavenencias de la edad escolar. "Tenía 14 años y toda la vida por delante; nadie comprende cómo pudo terminar de esta manera", lamentó una de sus compañeras ante la prensa local.
Mientras la causa judicial avanza bajo un estricto hermetismo policial para determinar la mecánica del crimen y la autoría material, el entorno familiar presiona por el esclarecimiento rápido. En este contexto, uno de los tíos de la víctima realizó declaraciones de fuerte impacto público, apuntando a presuntas complicidades de sectores con poder e insistiendo en que existen más partícipes en el entramado criminal que aún no han sido identificados por las autoridades.



