El pase de la Selección Argentina a la gran final del mundo desató pasiones en cada rincón del planeta, pero ninguna tan extrema como la que se vivió en el confín helado del mapa. Las redes sociales se inundaron con las imágenes del suboficial principal Jorge Yrrutia, encargado de comunicaciones en la Base Esperanza, quien no dudó en salir a la intemperie polar vestido únicamente con una remera de mangas cortas y una bandera argentina, enfrentando ráfagas de viento de 130 kilómetros por hora y una sensación térmica de 30 grados bajo cero.
"Fue una descarga de puros nervios. En cuanto el árbitro marcó el final, no lo pensé: agarré la bandera, salí y mi señora me filmó. Después todo se descontroló en las redes", confesó Yrrutia en diálogo con Infobae, desmitificando que se tratara de una promesa previa.
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Médicos en alerta y riesgo de congelamiento express
Aunque el video generó risas y admiración, la realidad climática de la Antártida argentina convierte cualquier exposición de este tipo en una maniobra de alto riesgo. A -30 °C y con vientos de esa magnitud, la piel descubierta puede sufrir lesiones graves o congelamiento en cuestión de minutos.
El jefe de la Base Esperanza, el teniente coronel Fernando Sosa, se tomó la travesura con humor pero reconoció que hubo cierta tensión preventiva: "El médico de la base casi tiene trabajo de inmediato, pero por suerte todo terminó bien y pudimos disfrutar el momento". Tras el breve festejo, la orden fue tajante: volver al abrigo obligatorio que exige el protocolo antártico.
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Peligro real: "Salís, revoleás la bandera y entrás. Si te quedás un minuto de más, corrés el riesgo real de perder un dedo por congelamiento", admitió el propio Yrrutia sobre la locura del festejo.
El fútbol como el gran conector a 1.300 kilómetros de casa
A una distancia de más de mil kilómetros de Tierra del Fuego y bajo las rigurosas restricciones del invierno polar, el recorrido de la Scaloneta en el Mundial se transformó en el corazón de la vida social de la base. "Tener la oportunidad y el privilegio de vivir un Mundial desde la Antártida es algo mágico e impagable", valoró el teniente coronel Sosa sobre la unión del grupo.
La mística del fútbol y el sentimiento patrio en un territorio tan simbólico reavivaron, inevitablemente, el reclamo de soberanía nacional. Al ser consultado sobre la mística de la base y su conexión con las islas, Sosa fue respetuoso de los canales institucionales pero genuino: "El sentimiento de que las Malvinas son nuestras está siempre presente en cada uno de nosotros, más allá de los lineamientos formales". Para la dotación de la Base Esperanza, la locura de Yrrutia ya quedó grabada como la gran anécdota de un invierno inolvidable.



