El escenario político se vuelve cada vez más adverso para el núcleo duro de Javier Milei. La reciente rectificación patrimonial de Manuel Adorni, quien admitió haber omitido cifras millonarias en sus declaraciones juradas previas amparándose en ganancias con Bitcoin, generó una inusual paridad de criterios en todo el arco opositor. El pedido de desplazamiento del Jefe de Gabinete ya no es un reclamo aislado, sino un coro coordinado que exige transparencia institucional.
El último peso pesado en sumarse a la ofensiva fue el exgobernador de Córdoba, Juan Schiaretti. A través de sus canales oficiales, el líder del peronismo cordobés fue tajante: “Manuel Adorni no puede seguir siendo Jefe de Gabinete de Ministros. El Gobierno nacional no puede seguir sosteniendo la mentira ni un día más. Ocupa uno de los cargos más altos de la República con rango constitucional”.
Schiaretti, quien además cuenta con el respaldo de sus legisladores en el Congreso, sentenció que el país "necesita funcionarios que digan la verdad y no ejerzan el poder para beneficio propio".
La polémica de los USD 513.000 en billeteras virtuales
El epicentro del conflicto radica en la documentación que el propio Adorni entregó a los organismos fiscales para intentar frenar las sospechas sobre su evolución económica. En esa presentación integral, el economista libertario blanqueó activos que omitió de forma sistemática en sus informes previos: una serie de inversiones en criptomonedas realizadas entre 2013 y 2018, además de herencias compartidas con su cónyuge, Bettina Angeletti.
De acuerdo con los datos que trascendieron desde la Jefatura de Gabinete, el capital inicial de Adorni habría rondado los USD 200.000, una cifra que mutó a más de USD 513.000 tras diversas transacciones distribuidas en ocho billeteras virtuales. Aunque el entorno del funcionario asegura que los movimientos son trazables mediante las "llaves" de seguridad informática, la explicación no hizo más que avivar las llamas en el Congreso.
Duras réplicas de los aliados y la encrucijada del PRO
La inconsistencia entre lo que Adorni le dijo al Poder Legislativo en sus informes de gestión y lo que finalmente declaró terminó por agotar la paciencia del PRO. Desde el partido fundado por Mauricio Macri catalogaron el hecho como una "falta grave" e incompatible con el relato anticorrrupción oficialista: "Un funcionario no puede decirle a los argentinos que no ocultó nada, y después admitir que sí lo hizo. No hay justificación posible", fustigaron, advirtiendo que este escándalo "erosiona la confianza pública" en un momento de severo ajuste socioeconómico.

Por su parte, la Unión Cívica Radical (UCR) emitió un documento donde califica la conducta del ministro coordinador como de "extrema gravedad" y recuerda que mentir ante el Congreso inhabilita a cualquier dirigente para conducir los hilos del Estado. En sintonía, el diputado de la Coalición Cívica, Maximiliano Ferraro, ratificó que la oposición ya presiona para activar una sesión especial el próximo 23 de junio con el fin de aplicar el artículo 101 de la Constitución Nacional.
Desde el peronismo bonaerense y norteño, las críticas mantuvieron un tono elevado. El sanjuanino Sergio Uñac apuntó de forma directa contra el Presidente: "Hay que tener mucha cara de piedra para pedirles sacrificios a los argentinos y después explicar que 800 mil dólares no declarados fueron un simple 'olvido'. Adorni tiene que renunciar, pero el problema se llama Milei".
Quizás el golpe más desestabilizador para el Jefe de Gabinete provenga del propio seno de la administración libertaria. La vicepresidenta Victoria Villarruel no ocultó su fastidio y tildó de "vergüenza" tanto el comportamiento del funcionario como sus posteriores apariciones televisivas para ensayar una defensa.
Lejos de bajar la espuma, Villarruel recurrió a la ironía en la red social X. Al saludar a un militante por su cumpleaños, le deseó de forma ácida que "te encuentres pronto un pendrive mágico", una sutil pero letal referencia al sorpresivo origen de la fortuna digital con la que su compañero de gobierno intenta justificar su nivel de vida.



