Desde el estrado del Congreso, Javier Milei trazó una línea divisoria entre lo que denominó "la casta saqueadora" y una administración que, según sus palabras, rescató al país de una "crisis terminal" peor que las de 1975, 1989 y 2001 combinadas.
Con una puesta en escena cargada de simbolismo, el jefe de Estado defendió el ajuste fiscal, celebró el nuevo vínculo con EE. UU. y no ahorró descalificativos para los legisladores opositores, a quienes llamó "delincuentes" e "ignorantes" en reiteradas ocasiones.
Ejes de gestión
Milei estructuró su alocución sobre los logros de su equipo económico, destacando especialmente la figura de Luis "Toto" Caputo, a quien calificó como "el mejor ministro de economía del mundo". Los puntos clave incluyeron:
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Superávit y Desinflación: El Presidente destacó la aprobación de un presupuesto sin déficit fiscal ni emisión monetaria, logrando reducir el gasto en 2,5 puntos del PBI sin aumentar la presión tributaria.
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Inocencia Fiscal: Remarcó el fin del "saqueo político" mediante leyes que protegen al contribuyente frente a la arbitrariedad del Estado.
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Modernización Laboral y Penal: Defendió la flexibilización del mercado de trabajo y la reforma de la Ley Penal Juvenil, enviando un mensaje directo: "El que las hace, las paga".
Cruces de alto voltaje
El discurso estuvo interrumpido por constantes choques con las bancadas del kirchnerismo y la izquierda. Milei utilizó estas interrupciones para lanzar sus frases más punzantes, logrando el vitoreo de sus seguidores en las bandejas superiores. "No pueden aplaudir porque se les escapan las manos en bolsillos ajenos", ironizó cuando el recinto se sumió en abucheos.
El mandatario fue un paso más allá al referirse a la situación judicial de la ex vicepresidenta: "Sigan con las operetas. La gente sabe que son unos mentirosos. ¡Por eso tienen a su líder presa! Y va a seguir presa por la causa de los cuadernos, por el memorándum de Irán y por Vialidad, porque es una chorra".
En un giro histórico de 21 años, Milei celebró el nuevo acuerdo comercial con Estados Unidos, contraponiéndolo con la influencia de Hugo Chávez en la región. "Nos querían convencer de que no nos llevaban a Cuba o Venezuela", enfatizó, marcando la alineación absoluta con el bloque occidental.
El mandatario ratificó que su guía es "la moral como política de Estado", asegurando que Argentina inició la mayor transformación de su historia bajo un esquema de "transparencia y orden de mérito".
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