En un pronunciamiento de una densidad política y social poco frecuente, la Conferencia Episcopal Argentina ha vuelto a situar el fenómeno del narcotráfico en el centro de la escena nacional. No se trata de una advertencia aislada, sino de un diagnóstico crudo nacido del contacto directo de los sacerdotes en las barriadas más postergadas del país. El mensaje, enviado con nombre y apellido a la actual gestión de Gobierno, trasciende la mera preocupación pastoral para convertirse en una exigencia de políticas públicas que detengan lo que los obispos describen como una metástasis social que está devorando el futuro de las nuevas generaciones.
La Iglesia sostiene que el avance de las redes delictivas no es una causa, sino la consecuencia directa de un vacío que el Estado ha dejado en los territorios. Para el Episcopado, la lógica de la "mano dura" o el despliegue puramente policial resulta insuficiente, y hasta estéril, si no se acompaña de una infraestructura de contención que incluya escuelas, centros de salud y espacios de integración.
Estado paralelo
El documento subraya con especial dureza cómo el narco ha dejado de ser un simple vendedor de sustancias para transformarse en un "Estado paralelo" que ofrece préstamos, asistencia y hasta un sentido de pertenencia a jóvenes que hoy se sienten descartados por el sistema formal.
En este sentido, el mensaje al Gobierno nacional es una invitación, o más bien un emplazamiento a elevar la mirada por encima de la coyuntura económica y las batallas retóricas. La Iglesia observa con alarma que, mientras la política se pierde en discusiones de despacho, las organizaciones criminales se profesionalizan y territorializan con una velocidad asombrosa. Por ello, instan a la construcción de un gran acuerdo nacional que declare la lucha contra el narcotráfico como una política de Estado innegociable, donde la seguridad sea entendida como un derecho humano básico ligado indisolublemente a la dignidad de la vida.
Finalmente, el texto advierte sobre la "naturalización" de la violencia y el consumo en los centros urbanos. Los obispos alertan que el tejido social argentino está llegando a un punto de no retorno si no se interviene con urgencia en la prevención de las adicciones y en la persecución de los lavadores de dinero, quienes son, en definitiva, los que sostienen el andamiaje financiero de este negocio mortal. Con este llamado a la acción, la Iglesia busca despertar la conciencia de una dirigencia que parece, por momentos, anestesiada ante una realidad que ya no golpea solo a las puertas de las villas, sino que amenaza la estabilidad democrática del país entero.



