Los ganadores y los perdedores de la guerra entre Irán y los Estados Unidos

El acuerdo se firmará el viernes próximo, pero en 60 días se deberá avanzar en el plan atómico de Teherán.
Por: #BorderPeriodismo

Después de tres meses de conflicto, Irán fue el gran vencedor de un enfrentamiento que se decidió fuera de los juegos de guerra. El gobierno de los ayatolás logró su gran objetivo: sobrevivir. Con sus infraestructuras militar y política diezmadas y sus planes nucleares que se discutirán en las próximas semanas, el ala dura del régimen sigue en pie en el centro de Teherán, según un análisis propuesto por Marcelo Izquierdo en Todo Noticias

A su aceitado aparato de propaganda interna se encargará ahora de disfrazar de épica su sola supervivencia. Donald Trump, apresurado por la cercanía de las elecciones de medio término que podrían verse influenciadas por una guerra impopular, puso punto final a la crisis. Israel no pudo cumplir con su objetivo de cambio de régimen y vio cómo Washington lo dejó en un segundo plano bajo indiscutible presión electoral,

El gran ganador es Irán porque el régimen sobrevivió

“El gran ganador, sin dudas, es Irán porque el régimen sobrevivió”, dijo a TN el analista internacional Mauro Enbe. La pregunta es entonces quién perdió más: ¿Estados Unidos o Israel? Israel es el gran perdedor de todo esto, más que Estados Unidos, porque el régimen sobrevivió. Y no solo sobrevivió, sino que está saliendo mucho más fortalecido de lo que ya estaba. Ahora Israel no puede accionar contra Hezbollah en Líbano porque lo presiona Trump. Y una de las condiciones del acuerdo fue el cese del fuego en Líbano.

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El acuerdo se firmará el viernes próximo, aunque todavía no se conoce su letra chica y en especial qué pasará con el plan nuclear iraní, sus arsenales misilísticos y los grupos proxy como el Hezbollah libanés. El vicecanciller iraní, Kazem Gharibabadi, dijo a la televisión estatal que el acuerdo final se alcanzará en un plazo de 60 días. En ese lapso estará en discusión la política atómica iraní y habrá que ver hasta dónde está dispuesto a ceder un régimen ahora envalentonado por el fin de la guerra. El escenario no está libre de riesgos. Hoy nadie puede asegurar que el pacto se respete en las próximas semanas entre dos bandos en que prima la desconfianza absoluta.

Militarmente no había otra posibilidad que la victoria fuese de Estados Unidos e Israel, pero en todo caso será una victoria pírrica. Trump no miente cuando dice que la marina iraní está hundida, que el ejército no existe más, pero la victoria política la tiene Irán. El daño que el conflicto causó a la economía mundial, con la paralización del comercio petrolero por el cierre del estrecho de Ormuz, fue enorme. Incluso tuvo un fuerte impacto interno en los Estados Unidos y eso podría ser una estocada para las aspiraciones electorales de los republicanos.

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Said Chaya, director del Núcleo de Estudios en Medio Oriente y profesor de la Universidad Austral, dijo al medio TN que el principal perdedor ha sido Trump. Fue buscando un cambio de gobierno que no consiguió, un desarme que ya estaba negociando por la vía diplomática con la mediación de Omán en febrero, el desbloqueo de Ormuz que tenía libre tránsito antes de la guerra y una campaña de tres o cuatro días que se extendió por 45 días, en un contexto donde además quedaron fisuras visibles en la relación con Arabia Saudita e Israel.

La gran incógnita es saber si el premier israelí, Benjamin Netanyahu, presionado por la derecha dura de su propio gobierno, cumplirá el cese del fuego en Líbano. El mismo domingo, pocas horas antes de que se anunciara el acuerdo, bombardeó por enésima vez Beirut. Todo dependerá además de cómo reaccionará Hezbollah.

No creo que Israel se pliegue al acuerdo tan fácilmente, ya sea porque Hezbollah ataque primero o porque no retire sus tropas de Líbano. Falta mucho. Trump puede presionar, pero para que haya acuerdo, más que de Estados Unidos, todo depende de Israel y lo que haga. Israel es el gran perdedor. No creo que se quede con los brazos cruzados. El factor disonante es Israel, que en su concepción de seguridad nacional entiende a Irán como una amenaza existencial. Eso le impide aceptar un acuerdo que sugiera una reintegración paulatina de ese país a la región, mucho menos que signifique su salida del Líbano, donde plantó bandera y se quedará un tiempo más.

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El ex asesor de Seguridad Nacional de Netanyahu, Jacob Nagel, advirtió que el acuerdo de Trump con Irán podría ser peor que el de Obama en un artículo publicado en The Jerusalem Post. El entendimiento es superficial, carece de sustancia y está completamente alejado de los problemas fundamentales. Aborda solo lo que actualmente interesa a la administración Trump y al régimen iraní: la reapertura parcial del estrecho de Ormuz para aliviar la presión sobre la economía global, en particular sobre los estados del Golfo, y facilitar el flujo de fondos hacia Irán, incluyendo el levantamiento de algunas sanciones.

Las demás disposiciones del acuerdo simplemente describen lo que las partes discutirán en futuras negociaciones. Cada parte interpretará estas disposiciones a su conveniencia y se atribuirá la victoria. Es difícil creer que de las futuras negociaciones surja un buen acuerdo.

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