De acuerdo con el último informe del Ministerio de Capital Humano, basado en las estadísticas del Sistema Integrado Previsional Argentino (SIPA), el empleo privado asalariado registrado sufrió la pérdida de 94.189 puestos entre enero de 2025 y enero de 2026. La cifra refleja un saldo negativo contundente: la nómina total de trabajadores en blanco descendió de 6.290.114 a 6.195.925 en apenas doce meses.
La crisis no es solo de volumen, sino también de alcance geográfico. El fenómeno de destrucción de empleo fue casi unánime en todo el territorio nacional, afectando a 20 de las 24 jurisdicciones del país.
El mapa de la ocupación
Solo cuatro provincias lograron escapar a la tendencia contractiva, impulsadas principalmente por sectores estratégicos como la energía y la minería, favorecidos por el Régimen de Incentivo para Grandes Inversiones (RIGI) y el desarrollo de Vaca Muerta.
Provincias con saldo positivo:
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Río Negro: Lideró la creación de empleo con 3.233 nuevos puestos (+2,8%).
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Neuquén: Sumó 3.004 asalariados (+2%).
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San Juan: Incorporó 1.270 trabajadores.
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Santiago del Estero: Registró un leve repunte de 468 puestos.
En la vereda opuesta, la caída porcentual más drástica se vivió en Catamarca, que a pesar del potencial del litio sufrió una retracción del 10,5% (4.045 empleos menos). Le siguieron Tierra del Fuego (-9,8%) y Santa Cruz (-8,9%), evidenciando el impacto de la crisis en los polos industriales y extractivos del sur.
En términos nominales, el impacto más fuerte se sintió en los grandes centros urbanos: la Provincia de Buenos Aires perdió 23.309 empleos, seguida de cerca por la CABA, con una baja de 23.046.
Si bien el empleo asalariado —considerado el "estándar de oro" por sus beneficios sociales— se hundió, el universo total de trabajadores formales mostró una caída más leve (-38.916 personas). Esto se explica por un fenómeno de compensación: mientras el sector público, el empleo doméstico y los autónomos perdieron terreno, el Monotributo sumó 93.724 nuevos inscriptos.
Esta migración sugiere que muchos de los trabajadores desplazados del sector asalariado están volcándose al cuentapropismo o a esquemas de prestación de servicios para subsistir dentro de la formalidad.
La informalidad
El dato más preocupante detrás de la caída del registro es el crecimiento del empleo en negro. Según cifras recientes del Indec para los principales aglomerados urbanos, el empleo informal captó a unas 96.000 personas durante el último año registrado.
Los riesgos del empleo no registrado:
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Desprotección social: Pérdida de acceso a obras sociales y aportes jubilatorios.
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Inestabilidad legal: Los trabajadores quedan fuera de los convenios colectivos, licencias pagas e indemnizaciones por despido.
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Vulnerabilidad salarial: En un contexto de alta inflación, el empleo informal suele perder la carrera contra los precios de forma mucho más acelerada que el empleo paritario.



