El Edificio Centinela fue escenario de una jornada cargada de simbolismo y emoción. El gendarme Nahuel Gallo, recientemente repatriado tras permanecer más de un año detenido injustamente en Venezuela, volvió a vestir el uniforme para participar del izamiento del pabellón nacional. Fue su primera formación oficial desde que recuperó la libertad, un acto que marcó el inicio de su compleja reinserción en la fuerza y en la sociedad.
Durante la ceremonia, Gallo recibió una condecoración especial por parte de sus compañeros y un afectuoso saludo de la ministra de Seguridad, Alejandra Monteoliva.
"Muchísima tortura": el infierno en El Rodeo 1
Con la voz entrecortada pero firme, Gallo describió las condiciones de su detención en el penal El Rodeo 1, un centro penitenciario señalado por organismos internacionales por violaciones a los derechos humanos. “El Rodeo 1 no es un lugar bueno; es un sitio de muchísima tortura psicológica. Solamente con pensarlo, titubeo”, confesó el gendarme.
Gallo hizo hincapié en la incertidumbre constante y el aislamiento total que sufren los detenidos extranjeros en dicho régimen, quienes carecen de acceso a visitas o llamadas telefónicas. Según su relato, la fortaleza mental fue su única arma contra el desamparo, impulsada exclusivamente por el recuerdo de su hijo.
Un reclamo por los que quedaron atrás
A pesar de estar nuevamente en suelo argentino y rodeado de su familia, el gendarme aseguró que su proceso de liberación no ha concluido. Gallo reveló que aún permanecen 24 ciudadanos extranjeros en las mismas condiciones de cautiverio que él sufrió.
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Incomunicación: Denunció la falta de información sobre los procesos judiciales.
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Solidaridad: "Yo sigo encerrado; hasta que no liberen a los extranjeros de El Rodeo, yo no estoy libre", sentenció en un fuerte mensaje de compromiso con quienes todavía esperan una solución diplomática.
Aunque el gendarme se mostró "tranquilo y con familia", aclaró que actualmente se encuentra bajo una estricta rutina de chequeos médicos para evaluar las secuelas de los 448 días de privación de la libertad. El objetivo de la fuerza es acompañar su reincorporación progresiva, mientras el efectivo asimila el impacto de una detención que calificó como "injusta" y basada en delitos inexistentes.



