Perros todoterreno: sacan medias y bajan cierres

Los perros de asistencia La Asociación Civil Bocalán los entrena para asistir a niños con autismo y a personas en sillas de ruedas con dificultades motrices. La increíble historia de Delfina, una labradora que trabaja de secretaria.
Por: Fernanda Villosio

Águeda Fernández sólo puede mover sus manos. Una atrofia muscular espinal, degenerativa, le fue entumeciendo el cuerpo, pero no el alma. Todos los días concurre a la Universidad Nacional de Quilmes (UNQ) donde coordina la primer diplomatura en Política y Gestión de Turismo Accesible para discapacitados. Llega en una silla de ruedas motorizada y se instala en su oficina. No sólo sorprende ver el eficaz desempeño de esta mujer, docente universitaria de 37 años, y licenciada en Administración Hotelera, sino también el de su asistente, Delfina, que está atenta a cada una de sus necesidades. Abre la puerta cuando alguien golpea y le acomoda la cabeza, en caso de que Águeda así lo requiera, ya que ella no puede hacerlo por sí misma. Lleva un chaleco especial que la identifica como su «secretaria» y cuando lo tiene puesto sabe que está en funciones.

Se trata de una labradora negra, de seis años, juguetona, pero responsable de ciertas labores cotidianas. Sólo hace falta una palabra clave, por parte de Águeda, para que Delfina se ponga en acción. No es una mascota. Fue entrenada especialmente durante un año y medio para asistirla en cuestiones domésticas. No sólo baja el picaporte de la oficina o se para en dos patas para acomodarle la cabeza o el brazo cuando se le cae de la silla. También la destapa en la cama, le saca las medias y le baja el cierre de la campera.

En fin, le aliviana la vida para que ella no tenga que depender de otros. «Si yo no voy a la universidad ya no importa. Todos me preguntan por Delfi», se ríe Águeda. Esas habilidades le fueron enseñadas especialmente. En su entrenamiento básico contaba con otras: prender la luz, abrir y cerrar cajones y juntar objetos que se caían al piso. Pero, hace cuatro años, cuando empezó su convivencia con Águeda tuvo que aprender más tareas para adecuarse a los requerimientos específicos de su dueña que tiene una movilidad muy reducida.

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Delfina integra el equipo de perros de asistencia de la Asociación Civil Bocalán, una ONG con sede en España, que desde el 2011 se dedica en la Argentina a lograr cosas imposibles: entrenar perros para acompañar a niños con autismo y personas en sillas de ruedas con el objetivo de darles una mayor autonomía. Por las características de las razas, los más propicios para cumplir esta misión de servicio son los Labradores y los Golden. Tienen una boca blanda que no rompe los objetos que agarran como, por ejemplo, un celular; genéticamente están predispuestos a traer cosas, son sociables y fáciles de entrenar para manos inexpertas.

Bocalán es la única institución en el país, con certificaciones internacionales, que utiliza este tipo de entrenamiento. Ya entregó 22 perros a distintas familias, a los cuales supervisa periódicamente y custodia las condiciones en las que se los mantiene, y está preparando a 6 más. Si detecta algún tipo de maltrato los retira ya que los perros están en comodato. La entrega es gratuita, así como también el programa principal, aunque hay que pagar los costos de la preparación del animal.

«Estos perros son una ayuda técnica. Vos podés tener perros en tu casa, que son tus mascotas y obviamente que a este perro lo vas a querer igual que a cualquier otro integrante de tu familia, pero nosotros tenemos que entender que tiene una funcionalidad. Está entrenado para cumplir un fin», explica a Border Periodismo Margarita Ziade, psicomotricista y directora de Bocalán Argentina.

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En los casos de niños con autismo lo que más se trabaja es en la seguridad vial. Son niños que, en la calle, pueden salir corriendo de repente o no toleran los estímulos del medio ambiente y se desregulan en avenidas y subtes.

«El perro de asistencia tiene un chaleco que va con una correa y un cinturón atado al niño. Cuando este se quiere fugar, el perro se sienta o se ancla y se queda quieto. Entonces, las familias pueden tener un poco más de seguridad. Es una herramienta más para controlar los intentos de fuga. Además, colaboran en el tiempo de ocio cuando, por ejemplo, hay una espera en lugares públicos y los niños no la aguantan», asegura Ziade.

En un shopping o en un restaurante, estos perros se comportan como señoritos ingleses y ponen en práctica los buenos modales que les enseñaron sus entrenadores. Nunca hacen sus necesidades mientras están en horario laboral ni tampoco juegan con otros de su especie. Basta que su dueña le ponga el chaleco y salgan a la calle, para que Delfina sepa que llegó la hora de  trabajar.

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«En la vía pública, el chaleco se utiliza por varios motivos. Por ejemplo, ella es muy amigable con los perros pero cuando lo tiene puesto sabe que no tiene que ir a jugar con otros perros. Que no puede hacer pis o caca porque estamos en un lugar público, que en ese momento se tiene que comportar -cuenta Águeda-. De hecho, más de una vez tengo que avisar que con chaleco no se la puede tocar porque ella está atenta a lo que yo le pueda pedir. Está trabajando».

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En la Argentina, existe una ley sancionada en el año 2013 que permite el uso en la vía pública de perros de asistencia para personas con discapacidad. Águeda ha podido llevar a Delfina al supermercado, al shopping y a confiterías sin inconvenientes. «A lo sumo tuve que explicar que, cuando está con chaleco, ella no va a agarrar un paquete de galletitas para comérselo», dice.

El proceso de adiestramiento lleva casi dos años. Bocalán selecciona cachorros que viven su primer año de vida con una familia voluntaria y luego regresan a la institución para que les enseñen su nuevo oficio. Más tarde, se inicia un período de «acoplamiento» con quienes serán sus futuros dueños. Todos los días se entrenan juntos para construir el vínculo. Salen a pasear en subte y a comer una pizza. Así, el perro empieza a convertirse en una extensión del cuerpo de la persona que lo necesita. «Soy un antes y un después de Delfina -cuenta Águeda-. Ella llegó y me cambió la semblanza. Es muy compañera. Yo digo que la cuido, pero en realidad ella deja que yo la cuide. Ella me eligió. Esa es la realidad, el perro elije a su dueño».

Perros todoterreno que cambian la vida de la gente.

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