Lo que para la mayoría de los argentinos fue un fin de semana largo de descanso, para el presidente Javier Milei representó una jornada de "uso intensivo" de sus plataformas digitales. Según un análisis de La Nación de su actividad en la red social X (antes Twitter) entre el jueves 2 y el domingo 5 de abril, el jefe de Estado dedicó un total de 14 horas y 23 minutos a interactuar con la comunidad virtual, con un foco casi exclusivo: el ataque sistemático al periodismo profesional.
El saldo de este "raid" digital es elocuente: 86 publicaciones propias y 874 republicaciones (RTs). Más del 90% de este contenido estuvo dirigido a insultar, desacreditar o acusar de conspiración a una amplia variedad de medios y comunicadores, desde diarios tradicionales hasta portales independientes.
La escalada comenzó el jueves por la noche, cuando el mandatario utilizó una investigación sobre operaciones de espionaje ruso en Argentina para generalizar acusaciones contra todo el sector periodístico. A través de su cuenta @jmilei, el Presidente no solo validó insultos de terceros, sino que acuñó y viralizó el acrónimo NOL$ALP ("No Odiamos Lo Suficiente A Los Periodistas"), utilizándolo como una marca registrada en sus intervenciones.
Los hitos de la confrontación:
-
Acusaciones de "Asociación Ilícita": Milei extendió la responsabilidad de las críticas hacia su gestión no solo a los redactores, sino a editores y dueños de medios, calificando la labor de prensa como una estructura delictiva.
-
Uso de Inteligencia Artificial: El mandatario difundió imágenes generadas por IA que simbolizaban "la muerte del periodismo argentino", celebrando lo que él considera el fin de la intermediación informativa.
-
Ataques Personales: Figuras como Laura Di Marco y Ari Lijalad fueron blanco de insultos directos y soeces por parte del jefe de Estado, quien justificó las agresiones como "un poco de vuelto" ante supuestas operaciones.
El sábado santo, la red social se convirtió en el terreno de defensa para funcionarios del riñón presidencial. Milei utilizó su plataforma para desmentir —calificándolo de "falsedad absoluta"— que la salida de funcionarios en el Ministerio de Capital Humano estuviera vinculada a la polémica por los créditos hipotecarios del Banco Nación.
Sin embargo, la estrategia de comunicación chocó con la realidad: mientras el Presidente tildaba de "mentirosos" a los periodistas, los propios implicados confirmaban públicamente la adjudicación de los préstamos. Esta tensión interna también salpicó a ministros como Luis "Toto" Caputo, cuyos allegados también fueron señalados por acceder a estos beneficios de la banca pública.
El domingo, la actividad de Milei mostró una curiosa dualidad. Por un lado, difundió con orgullo una columna de su autoría sobre el economista Adam Smith publicada en el diario Clarín. Por otro, continuó calificando al mismo medio y a otros como La Nación o Perfil de "pasquines" e "inmundos".
El cierre de la jornada: El "clímax" del fin de semana largo llegó tras la entrevista del ministro de Economía en televisión. Milei celebró lo que llamó una "Masterclass de Toto sobre la basura que son los periodistas", reafirmando la postura oficial de que existe una "declaración de guerra" de los medios contra el programa económico libertario.
¿Estrategia de distracción?
Para los especialistas en comunicación política, este comportamiento excede la mera catarsis digital. Se trata de una estrategia de desintermediación donde el mandatario busca destruir la credibilidad de quienes auditan el poder para consolidar un vínculo directo y emocional con su base electoral.
Al finalizar las Pascuas, la cuenta presidencial no registró mensajes de salutación religiosa ni deseos de paz para la ciudadanía; el flujo informativo solo se detuvo cuando el mandatario dio por terminada su "batalla cultural" del día contra el cuarto poder.



