Releyendo Mafalda: El mito, más inmortal que nunca

La miniserie de cuatro episodios, que se puede ver por Disney + y Star +, confirma porque la creación de Quino es la historieta argentina más importante de todos tiempos.
Mafalda
Créditos: Mafalda
Por: Pablo Strozza

 

Algunos hablarán de El Eternauta de Germán Oesterheld y Francisco Solano López, y la concepción del héroe colectivo en una invasión extraterrestres en plena ciudad de Buenos Aires. Otros preferirán Inodoro Pereyra, el “poema telúrico” de Roberto Fontanarrosa que, más allá de la tira completa, en cada viñeta contaba con un chiste particular. Y no faltarán los que hablen del Clemente de Caloi y su importancia social en el Mundial de Fútbol que se llevó a cabo en la Argentina en 1978, o de las historias de Maitena y Liniers traducidas a idiomas impensados. Al diablo con todos: la historieta argentina más importante de todos los tiempos es, fue y será Mafalda, y inmortal creación de Joaquín Lavado, alias Quino.

De eso se trata Releyendo Mafalda, docuserie dirigida por Lorena Muñoz de cuatro capítulos de media hora de duración cada uno, que se pueden ver en las plataformas de streaming Disney + y Star +. Desde Emanuel Ginobili hasta Juan Sasturaín, pasando por los ya citados Liniers y Maitena, Gabriela Sabatini, Rodrigo Fresán, Rep, Agustín Pichot o Cecilia Roth e imágenes de archivo del propio Quino, entre muchos otros, todos estos personajes, muchos muy disímiles entre sí, tienen algo importante para aportar sobre esa niña, su familia de clase media, sus amiguitos y sus hermanos. Todo un universo que en forma de historieta retrató un momento de la Argentina de tal manera que hoy tiene una actualidad pasmosa.

 

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Luego de una génesis de cómo surgió el personaje (una campaña publicitaria que no fue tal, con Norman Briski como mascarón de proa al respecto) comienzan las aventuras de Mafalda, primero con su familia (su mamá Raquel, ama de casa y su papá con nombre desconocido, más allá de alguna especulación al respecto) y luego con sus amigos. Así aparece Felipe, inspirado en Jorge Timossi, amigo de Quino; Manolito, que según Fresán está “Más cerca de Elon Musk que de un almacenero de Buenos Aires”; Susanita, una nena que “no tiene vergüenza” (Roth) y que, según Maitena, sirve porque es la antagonista perfecta de Mafalda; Miguelito, que según Rep es el alter ego de Quino y, ya fuera del diario El Mundo y establecida en la revista Siete Días (que le dio la bienvenida desde la tapa y en su interior con una carta escrita por la propia Mafalda), Guille y Libertad (“La hice más pequeñita, porque la libertad siempre es pequeñita”, Quino dixit).

 

 

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Asombra ver la evolución del trazo de personajes que se han visto en infinidad de ocasiones diseccionados por profesionales de la historieta: cuando Liniers observa cómo era la mano original de Mafalda, y se ve la comparación con cómo es años después, se nota la misma sabiduría que cuando un jugador de fútbol describe como apoya el pie en el momento de impactar al balón en un tiro libre. Y es hermoso ver las imágenes de archivo del propio Quino y su retrato de esas creaciones que casi de inmediato dejaron de ser suyas para transformarse en patrimonio de sus lectores. Esa timidez que era una de sus marcas de fábrica se rinde ante los distintos entrevistados con frases cálidas y un humor seco y complementario a lo que se podía ver en la historieta.

El 25 de junio de 1973 Mafalda se despidió de sus lectores, y nunca más regresó, de mismo modo que ocurrió con sus amados Beatles. “Me estaba empezando a repetir, y eso me pareció deshonesto”, señaló Quino. Pero el que dio en la tecla fue Fresán: “Sólo matando a algo lo volvés inmortal”. Las amenazas y el clima que se vivía en la Argentina en ese entonces hicieron que Quino se radicara en Milán, y siguiera con sus comics, pero sin que su personaje más emblemático tuviera un capítulo dos. Mejor así: como dice el refrán, segundas partes nunca fueron buenas. Para recordar a Mafalda, mejor releerla, en papel y/o vía streaming.

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