A diferencia de otros sectores, los profilácticos Tulipán no perdieron el favor del público. De hecho, la marca sigue ostentando el 40% del mercado local y, según sus directivos, incluso lograron ganar terreno frente a la competencia. Sin embargo, la empresa se enfrenta a una paradoja cruel: ser el dueño de la porción más grande de una torta que se reduce día a día. El consumo de productos de salud sexual, históricamente elásticos, empezó a mostrar signos de agotamiento frente a la pérdida de poder adquisitivo de los salarios.
Pero el verdadero "agujero negro" de la empresa no estuvo en los preservativos, sino en su diversificación. En sus plantas de San Martín (Buenos Aires) y el parque industrial de San Luis, Kopelco fabricaba desde globos hasta insumos textiles complejos como puntillas y elásticos para ropa interior. Es en estos sectores de mano de obra intensiva donde la realidad golpeó con más saña: las ventas en el rubro textil se desplomaron un 50% en volumen, dejando a las máquinas apagadas y a los galpones en un silencio sepulcral.
El factor China y el silencio oficial
Felipe Kopelowicz, gerente general de la firma, puso nombre y apellido al principal verdugo de la industria local: la importación desenfrenada, especialmente de origen chino. Para el empresario, competir contra los costos del gigante asiático en el rubro de elásticos y productos de látex es una batalla perdida de antemano si no existe un marco de protección o incentivos estatales.
Lo que más duele en el seno de la compañía, según las declaraciones de su titular, es la falta de interlocución con el Gobierno de Javier Milei. Kopelowicz denunció un "ninguneo" sistemático hacia la industria real.
Asegura que ni él ni las cámaras del sector fueron consultados sobre las medidas que afectan su viabilidad. Además, cuestionó a los asesores presidenciales por legislar desde la teoría económica sin conocer el piso de las fábricas.
Sobre la reforma laboral impulsada por el Ejecutivo, fue tajante al señalar que ninguna ley de flexibilización sirve si no hay consumo. "Si la gente no está tranquila con su futuro, no consume; y si no hay consumo, nosotros no invertimos", sentenció.
Una autocrítica que recorre el sector
Pocas veces se escucha a un empresario de este calibre realizar una autocrítica tan cruda. Kopelowicz manifestó una "profunda decepción" con su propia gestión por no haber podido evitar que su gente "la pase mal". Esta sensación de derrota personal es compartida por cientos de PYMES que hoy se encuentran en la misma encrucijada: no saber "qué música bailar" cuando las reglas de juego cambian de la noche a la mañana.
El caso de Tulipán es una señal de alerta para el modelo actual. Mientras el Gobierno celebra la baja de la inflación y el superávit, la industria de consumo masivo y mano de obra intensiva advierte que el costo de ese equilibrio podría ser el desmantelamiento definitivo del tejido productivo nacional.



