Una mujer que no abortaría

Por: María Julia Oliván @mjolivan

Yo soy una mujer que no tiene hijos. Pero que una vez, sólo una, estuve embarazada por pocas semanas.

Una mujer que todavía no se anima a leer el texto que escribió ese día, que sintió la felicidad segura en un puño. Una mujer que deseó por mucho que ese aborto natural no le sucediese nunca.

Una mujer que está en contra de abortar.

Pero tambien soy una mujer que decidió cuándo y con quién tener sexo.

Una mujer que no sufrió abusos. Que no fue golpeada, ni ultrajada, ni devastada por un abusador.

Una, que se hizo mujer de a poco. Que no fue desnudada antes de saber si ya había dejado de ser niña. Que tuvo padres que le leían cuentos. Que no sintió la mano de ningún monstruo usurpando su piel.

Yo soy una mujer que sabe lo que le pasa a su alma, pero que no puede arrogarse el entender cómo siente otra mujer que vivió otra vida.

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Que no pudo, por ejemplo, decidir cómo cuidar su cuerpo.

Que no se encontró con el sexo cuando era una mujer, sino una niña. Que no se encontró con un hombre cuando lo decidió, sino cuando la ultrajaron.  Que tiene las entrañas revueltas por un embarazo no deseado.

Yo soy una mujer que no sabe qué es tener el alma arrinconada de pánico después de una violación.

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El asunto del aborto es el centro de un fornido debate en la Ciudad de Buenos Aires. En la Nación no lo es, porque el oficialismo todavía no sabe cómo hacer para unificar posturas. Y como no sabe que hacer, no hace nada.

En la Ciudad, Macri, intentó esta semana sacarse la papa caliente de las manos.

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Por un lado, vetó la ley del aborto no punible, aprobada por la Legislatura. Por otro, actuó de open mind al anunciar el supuesto primer aborto no punible en el Ramos Mejía.

Pero, al mismo tiempo, logró que la reacción antiabortista la asumiera la ONG Pro Vida, que anotó los datos que proporcionó el jefe de gobierno, y frenó con un amparo la intervención que pidió hacerse una joven embarazada, que vivió el drama de la trata de personas.

Por otro, apeló el amparo para proteger el pedido de la chica.

La oposición, por su parte, denunció a Macri.

La mujer que pidió el aborto recurrió también a la justicia.

¿Qué pasará por su cabeza? Porque ella cuenta, ¿no?

Yo soy una mujer que no abortaría, pero que cree en el derecho de las mujeres a la autodeterminación sobre su cuerpo. Y ese punto, creo, debería ordenar el debate sobre el aborto.

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También, el respeto por las libertades de las personas, dado que todos somos diferentes y vivimos una experiencia única e intransferible sobre la maternidad, el sexo, el propio cuerpo y el aborto.

Pero yo no abortaría. Haya o no haya legalización del aborto. Probablemente ninguna mujer vaya a buscar el código cuando se ve frente a esta decisión. ¿Quién puede elegir semejante desgarro en su cuerpo?

Quiero decir que no importa lo que haría yo. Importa que la ley ampare las libertades de todos. Porque más allá de lo que se legisle, el aborto existe. Más de dos mil mujeres mueren por día por realizarse prácticas clandestinas.

Y eso sucede mientras el Estado se pasa la papa caliente para que a nadie se le queme en las manos.

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