Entrevista a Flor Núñez Graiño: magia, historia y esperanza en su nueva novela, La ilusionista Esmeralda

La autora argentina habla sobre el proceso creativo detrás de su última obra, el cruce entre fantasía e historia, y cómo construir personajes que, incluso en contextos adversos, se aferran a la posibilidad de cambiar su destino.
Por: Olivia Regis

En La ilusionista Esmeralda, Flor Núñez Graiño construye una historia que combina fantasía, romance y contexto histórico en el Nueva York de 1929, en la antesala de la caída de la Bolsa.

Publicada en abril de 2026 por Ediciones Urano bajo el sello Umbriel, la novela se sumerge en un mundo donde el ilusionismo, el arte y las tensiones sociales conviven en una ciudad atravesada por promesas de prosperidad que pronto comenzarán a resquebrajarse.

Núñez Graiño es una escritora argentina y abogada especializada en Derecho Penal. Comenzó a escribir historias a los seis años y creció rodeada de libros gracias al negocio familiar de distribución, lo que le permitió formarse como lectora desde muy temprana edad.

Fanática de Disney y de Sarah J. Maas, en sus obras construye mundos envolventes y personajes memorables, a través de los cuales explora emociones y problemáticas universales.

Gentileza de Ediciones Urano

En esta entrevista, la autora reflexiona sobre el proceso de escritura, la investigación detrás de la ambientación y la construcción de sus protagonistas, además de profundizar en los temas centrales de la novela, como la esperanza, la desigualdad y el valor de las pequeñas acciones en tiempos de incertidumbre.

A pocas semanas de la Feria Internacional del Libro de Buenos Aires, donde estará firmando ejemplares el 10 de mayo en el stand 835 de Urano World, en el pabellón verde, comparte su mirada sobre esta historia que busca, ante todo, volver a creer.

Tu novela está ambientada en el Nueva York de 1929, en la antesala de la caída de la Bolsa. ¿Qué te atrajo de ese momento histórico para contar esta historia?

El Gran Gatsby es mi clásico favorito no solo por su ambientación, sino por la lucidez con la que expone que el sistema nos empuja a anhelar algo que, incluso cuando lo alcanzamos, no es lo que de verdad buscamos, y lo que pasa cuando las promesas se cumplen para todos menos para nosotros.

Los años veinte en Nueva York ofrecen, además, una ambientación espectacular: el charlestón, los espectáculos de Broadway, la ley seca, los bares clandestinos, los números de ilusionismo, la mafia.

A medida que avanzaba con la escritura, entendí que de lo que quería hablar era de la historia de la humanidad: es cíclica y, por más de que a veces parezca que nada va a cambiar y que no tiene sentido luchar contra el sistema, son los gestos mínimos los que sostienen la esperanza.

“La Ilusionista Esmeralda” trata sobre la necesidad de luchar para que quienes amamos sigan soñando, y sobre el valor de las artes en los momentos más oscuros. Porque incluso cuando todo parece perdido, muchas acciones pequeñas de muchas personas pueden cambiar el mundo.

En el libro, la magia parece ir más allá del espectáculo y convertirse en una fuerza capaz de alterar la realidad. ¿Cómo trabajaste ese límite entre ilusión y poder real?

Cuando empecé a pensar en el sistema de magia y en el ilusionismo como algo real, la magia se concreta cuando el ilusionista logra que el público crea en ella, se me ocurrió vincularlo con todo lo que era una ilusión en ese momento de la historia: la paz y la economía.

Estamos en un período de posguerra al que se había llegado sin dejar conformes a los involucrados. Y en apariencia, a todo el mundo parecía estarle yendo bien en lo económico. Todo era una bomba de tiempo. En la novela, los hechos históricos tienen vinculación directa con la magia.

Durante toda la novela sabemos lo que va a pasar porque conocemos la historia, pero la pregunta es qué fue lo que les pasó a los personajes para que eso sucediera y es eso lo que genera tensión en la lectura.

La protagonista es una ilusionista callejera, mientras que el protagonista es un mago consagrado de Broadway. ¿Qué te interesaba explorar a partir de ese contraste?

La protagonista no tuvo una vida fácil. Encarna, de algún modo, la experiencia de tantos inmigrantes de la época. Mientras el neoyorquino promedio parecía tener el futuro asegurado, ella habita el reverso de esa ilusión: el de quienes quedaron al margen de un sistema que pocas veces los tenía en cuenta.

Por otro lado, tenemos al ilusionista del teatro más importante de Broadway. Un talento que deslumbra, pero su magia viene con una gran responsabilidad y tuvo que tomar decisiones difíciles.

En las relaciones románticas que desarrollo en novelas quiero que sean vínculos sanos, que se potencien y que crezcan juntos, pero en esta historia surgió algo más inesperado: los protagonistas no solo se acompañan, sino que se reflejan. Lo que es verdad, lo que no, cómo se puede descubrir la realidad a través de lo no lo es, son temas centrales de la novela. Tenemos dos personajes que se dicen a sí mismos que no creen que el mundo pueda mejorar.

Al mismo tiempo, ven en el otro una contradicción reveladora: alguien que piensa igual, pero que, aun así, sigue intentando cambiar las cosas. Es en ese espejo donde comprenden que, en el fondo, su escepticismo es una forma de defensa, y que todavía creen que el mundo puede ser un lugar mejor.

La ciudad de Nueva York aparece casi como un personaje más. ¿Qué importancia tuvo la ambientación en el desarrollo de la historia?

La ambientación de la novela me alucinó desde el primer momento y quise captarlo todo. El ilusionismo, el teatro, las galeras, las cartas, los conejos: ese mundo a medio camino entre lo real y lo imposible. También la ciudad, con sus edificios icónicos, el ajetreo constante y las marquesinas. Y, por supuesto, todo lo que sucede en las sombras: los speakeasy, el jazz, los vestidos, las perlas, las plumas, y lo peligroso de la mafia. Creo que es precisamente esa combinación de lo visible y lo clandestino, lo mágico y lo urbano, lo que le da a la novela identidad y una voz única.

La novela presenta una fuerte presencia de elementos históricos, como la mafia y el contexto económico de la época. ¿Cómo fue tu proceso de investigación para lograr ese nivel de detalle?

Fue super extenso y duró muchos meses porque no quería que la novela fuese una enciclopedia. Quería transmitirlo con la cotidianeidad de alguien que lo vive. Envié correos electrónicos a la biblioteca y a los archivos de Nueva York, que me ayudaron muchísimo. Me enviaron muchísima documentación. Los mapas fueron una pieza clave porque la ciudad en esa época no era la misma que ahora. Había muchos edificios que aún no existían. Tenía que saber desde qué calle podía verse qué construcción, cuánto costaba el tranvía, qué comían, dónde vivían los inmigrantes, y el más mínimo detalle para poder incorporarlo de una forma orgánica.

En un punto se me ocurrió ponerme a leer el New York Times de esa época como lo haría un neoyorkino promedio, y la experiencia fue tan potente que quise transmitirle lo mismo al lector. Es por eso que, en el comienzo de los capítulos, hay fragmentos del verdadero New York Times, y el lector puede ir viendo un poco de lo que pasaba cada día en el mundo, mientras leemos qué les pasa a los personajes.

Gentileza de Ediciones Urano

Este es tu primer libro publicado con Ediciones Urano. ¿Qué representa este paso en tu carrera como autora?

Me resulta muy emocionante haber llegado a este punto como autora con esta novela, y hacerlo de la mano de Ediciones Urano. Es una historia que me acompaña desde hace años, que empecé a escribir en un momento de profunda desesperanza frente al mundo y al futuro.

Que vea la luz justamente ahora, en una época atravesada por el escepticismo general, la incertidumbre y esa sensación de vacío que parece no llenarse con nada, me parece un regalo.

Hay algo muy potente en que esta historia llegue en este contexto mundial. Esta novela para mí fue una forma de volver a creer y espero que le devuelva la fe y la esperanza a mucha gente.

Con varios libros ya publicados, ¿en qué aspectos sentís que La ilusionista esmeralda marca una evolución en tu escritura?

Cada novela publicada me enseñó muchísimo. No habría podido escribir la Ilusionista sin todos los anteriores. Si bien es una novela juvenil y es apta para todo público, creo que marca un punto de inflexión en mi escritura.

Creo que tiene una madurez mayor en la construcción de los personajes que mis novelas anteriores. Siempre me interesó explorar en profundidad por qué sienten lo que sienten y, sobre todo, sus contradicciones, pero en la Ilusionista son más humanos que nunca.

Quiero entretener, pero también generar tensión y dejar una huella. La historia es súper importante, pero también lo que viene a decir. Seguro que hay una evolución técnica en mi escritura, pero sobre todo, en mi voz como autora.

¿A qué tipo de lectores creés que puede interpelar especialmente esta historia?

Cualquier lector que quiera emocionarse, enamorarse, sentir esa familia
encontrada, acompañar a los personajes en momentos de acción, verlos luchar por algo mejor, e inspirarse con sus decisiones.

Es una novela de fantasía histórica con romance, y busca despertar algo en quien la lea. Quiere recordarle su propia fuerza a cualquiera que alguna vez haya sentido que no pertenece, que no vale la pena luchar o que está perdido o solo. Habla de eso: de encontrarse, de resistir y
de volver a creer.

¿Qué te gustaría que los lectores se lleven al terminar la novela?

Me gustaría que se lleven, ante todo, una emoción: la esperanza y calidez que queda cuando una historia te acompaña de verdad. Que al cerrar el libro sientan que no están solos.

También me gustaría que se queden con una idea: que el mundo no cambia solo a partir de grandes gestos, sino gracias a muchas acciones pequeñas y persistentes y que todos podemos ser parte de ese cambio. Y, ¿Por qué no?, una pregunta: si confiaras en que las cosas pueden mejorar, ¿Qué harías?

A pocas semanas del inicio de la Feria Internacional del Libro de Buenos Aires, ¿Cuáles son tus expectativas para esta edición?

La Feria siempre es un momento de encuentro entre lectores y autores. Tenía ocho años cuando conocí por primera vez a una autora que admiraba muchísimo y ese día le conté que quería ser escritora. Ella se lo tomó muy en serio, no solo cómo un deseo de una nena, y me dio muchos consejos. Fue tan generosa y buena conmigo, que cada Feria del Libro me lleva a ese momento.

Paso meses y hasta años trabajando sola en las novelas y soñando con que llegue el momento de al fin poder compartirlas y charlar de ellas con alguien.

Las redes facilitan el diálogo entre lectores y autores, y recibo muchísimos mensajitos muy hermosos de lectores que me cuentan lo mucho que disfrutan las historias, pero lo presencial es irremplazable. Es muy emocionante saber que vamos a tener un espacio para reencontrarnos o conocernos.

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