Entrevista | Gonzalo Ludeña: del contenido literario en redes a las historias con identidad argentina

El autor y creador de contenido habla sobre Lo que nos dejó el verano, la segunda parte de su bilogía, y reflexiona sobre la nostalgia, el destino, la cultura popular argentina y las influencias que marcaron su forma de escribir.
Por: Olivia Regis

Gonzalo Ludeña es un escritor cordobés nacido en 2003 que logró construir una sólida comunidad de lectores a través de las redes sociales. En sus perfiles @gonzaescritor en Instagram y @gonza_wtt en TikTok, donde reúne cerca de un millón de seguidores, comparte recomendaciones de libros y contenido relacionado con el mundo de la escritura.

Además de su faceta como creador de contenido, Ludeña se desempeña como autor de ficción juvenil. Sus historias se caracterizan por combinar romance, suspenso y una fuerte identidad argentina, incorporando referencias culturales, tradiciones y elementos propios de la vida en el interior del país.

En esta entrevista, el autor habla sobre Lo que nos dejó el verano, la segunda parte de su bilogía que comenzó con Y los veranos pasarán, y reflexiona sobre la nostalgia, el destino, la influencia de las redes sociales en la formación de nuevos lectores y las inspiraciones que dieron forma a su obra.

Después de Y los veranos pasarán, ¿en qué momento supiste que la historia de Cami y Roma necesitaba una continuación?

Siempre supe que la historia de Roma y Cami necesitaba una continuación. De hecho, fue concebida desde el principio como una bilogía, con una primera parte que termina en un final abierto y una continuación que retoma exactamente desde ese punto.

Desde la planificación misma entendí que la historia de ambos necesitaba más de un libro para desarrollar todo lo que quería contar, sobre todo, porque la bilogía aborda temas muy profundos e introduce un componente jurídico y de suspenso que requería una novela más extensa para poder tratarlo como corresponde.

Lo que nos dejó el verano mezcla romance, nostalgia y suspenso. ¿Qué fue lo más difícil de equilibrar al escribir esta segunda parte?

Creo que lo más difícil de equilibrar en las segundas partes siempre tiene que ver con la nostalgia y con caer en una idea de refrito, de volver a repetir fórmulas, personajes o escenas que resultaron exitosas en el libro uno por el mero hecho de dar el gusto a los lectores (que van a notar esas referencias nostálgicas) y, de mantener ciertos criterios de éxito que ya sabés que funcionan.

Sin embargo, la nostalgia para mí fue un gran motor por el mero hecho de que los personajes son profundamente nostálgicos, en especial Roma, que es un chico que toda la vida estuvo anclado al pasado y que ahora va a estar atado al recuerdo de ese verano que le cambió la vida.

Por ende, la nostalgia en el libro funciona como motor, sobre todo para incorporar el tema del destino, y a partir de ahí jugar con los paralelismos y construir una historia desde una concepción borgeana del tiempo, en la cual los acontecimientos se repiten, pero se modifican espacios, personajes o tiempos. Eso hace que la historia, por un lado, sea metaficcional y, por otro lado, también se permita volver locos a los personajes.

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¿Qué tan importante es para vos que las historias se sientan actuales y generacionales?

Esta bilogía trabaja muchísimo con la cultura popular argentina y la entremezcla en el campo de la actualidad de los jóvenes. Particularmente, yo no busco que mis historias resulten actuales o generacionales; simplemente, es algo que me sale a partir de una situación real que viví y que inspiró el inicio de la primera novela.

A su vez, el folclore hoy en día está cada vez más vivo. Si no, basta con ver a Milo J en los premios Gardel ganando un premio por su álbum de folclore y llegando al Tiny Desk con una propuesta que combina folclore y murga uruguaya.

Por ende, la cultura popular argentina está latente en los jóvenes, y ya no es meramente un hecho presente en la periferia, sino que también comienza a resurgir en las metrópolis. Por ende, cualquier sensación de actualidad que pueda llegar a dar la bilogía tendrá que ver con que es un reflejo de la realidad en la que escribo, en la que me muevo y en la que vivimos cuarenta y ocho millones de argentinos.

Mucha gente dice que tus libros “se leen rapidísimo”. ¿Es algo que buscás conscientemente cuando escribís?

La rapidez no es una búsqueda consciente, pero creo que es consecuencia de una serie de elementos que aparecen en ambas historias. Por un lado, la presencia de agregados de diseño, tales como mensajes, expedientes, carteles y notas, hacen que la lectura lineal se interrumpa y se complemente de una manera distinta, de modo que el lector también tiene la posibilidad de tener descansos visuales.

Asimismo, mi búsqueda artística pasa sobre todo por la narración oral. Toda mi vida estuve muy acostumbrado a que me leyeran y me contaran historias, por lo que busco que mis propias novelas también resulten ágiles de leer en voz alta, lo cual inevitablemente termina generando esa rapidez de la que estamos hablando.

Por último, también tiene que ver con momentos específicos de la trama. En situaciones de intensidad y suspenso, la narración fluye mucho más rápido porque la estructura sintáctica es más simple y corta, mientras que otros más reflexivos exigen una sintaxis más larga y una mayor presencia de descripciones, que hacen que el ritmo de la historia vaya variando.

Como creador de contenido en redes, ¿sentís que TikTok e Instagram cambiaron la forma en la que los lectores descubren libros hoy?

TikTok e Instagram cambiaron rotundamente la forma en la que los lectores descubren libros, ya que se tiende a confiar más en el influencer que en el librero. De hecho, parecen casi roles sustitutos uno del otro, puesto que el lector tiende a ir a la librería a buscar una obra que ha descubierto en TikTok, en lugar de solicitarle al librero una recomendación sobre una temática particular.

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Actualmente, estamos interesados en un determinado género y lo primero que hacemos es ir a los buscadores de las redes sociales, obtener recomendaciones y luego decidir en qué librería se lo va a comprar, en función de las ofertas y la cercanía física con el establecimiento.

Esto lleva inevitablemente a que la diversidad de libros disponibles para el lector sea menor que en una librería, ya que se elimina, en cierto punto, ese trabajo de espiar anaqueles y explorar mesas para reemplazarlo por una serie limitada de recomendaciones que, en muchos casos, tiende a ser la misma entre los diferentes creadores de un mismo nicho.

¿Hubo alguna escena o momento de este libro que te haya afectado emocionalmente mientras lo escribías?

Trato de buscar en mis recuerdos, pero creo que no, porque es una bilogía que, si bien se inspiró en una historia real, esa historia no me ocurrió a mí directamente. Por ende, yo lo viví más como un testigo y eso generó que podía tener empatía con los personajes, pero sin sentirme consumido emocionalmente por la historia.

Además, mi trabajo desde la escritura tiene que ver mucho más con el manejo del texto en sí mismo que con dejarme tocar por la escena que estoy escribiendo en el momento, ya que mi forma de escribir es completamente planificada, por lo que para mí no hay ningún atisbo de sorpresa.

Sin embargo, podría decir que mi mayor vínculo emocional con las dos novelas tuvo que ver con la edición, sobre todo, al momento de tener que afrontar cambios, porque ahí sí me encontré en situaciones de más vulnerabilidad que me obligaron a involucrarme con la historia de otra manera, y ahí sí no salí inmune.

Se nota mucho una identidad argentina en tus historias, desde los diálogos hasta las referencias. ¿Eso surge naturalmente o lo pensás de manera intencional?

La identidad argentina surge naturalmente dentro de la historia porque la narración se arraiga dentro del mismo país, dentro de mi misma provincia y de mi ciudad de nacimiento y de vida, por lo que inevitablemente recurro a las formas de hablar a las que estoy acostumbrado, a la jerga propia de la gente con la que convivo y, además, a los artistas y las referencias tradicionales del país.

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Mucha gente ha dicho que se ha sentido muy identificada con los aspectos folclóricos, culturales y tradicionales de la novela. Y para mí es un punto muy importante. Esa es la propuesta de valor que marca un diferencial respecto a otras novelas juveniles.

Lo mejor de todo es que me sale natural, porque enmarcar una historia en mi contexto de vida me lleva a mencionar, inevitablemente, todos estos aspectos que atañen a la idiosincrasia y al ser de cualquier argentino, sobre todo, de cualquier argentino que vive en el interior de la patria.

¿Qué autores, películas, canciones o incluso contenidos de internet sentís que más influyen en tu forma de escribir?

Mis influencias son de todo tipo. Desde la parte autoral, mi máximo referente siempre fue Julio Cortázar, que me llevó a acostumbrarme a escuchar historias y a darles una musicalidad y una oralidad que hace que, en muchos casos, aparezcan todos estos elementos de la idiosincrasia argentina, ya que es la forma en la que los argentinos logramos dar naturalidad a nuestras formas de expresión.

A su vez, Jorge Luis Borges me parece un referente fundamental. La segunda parte de la bilogía, Lo que nos dejó el verano, recoge una idea suya, que es la del tiempo cíclico: los acontecimientos se repiten a lo largo de la historia con modificaciones en el espacio, en el tiempo y en los personajes, que es una concepción que surge a partir del cuento La trama. Por ende, ambos referentes argentinos, grandes cuentistas, fueron pilares fundamentales de esta novela y de mi escritura en particular.

Asimismo, otro de mis grandes referentes, referidos al mundo lírico es Chano Moreno Charpentier, que presenta composiciones de un altísimo nivel poético, con muchísimas referencias culturales, filosóficas y sociales que me terminan llevando a encontrar inspiración.

En un principio, siempre uno comienza copiando las formas de expresión de las personas a las cuales admira y, poco a poco, empieza a fusionar sus referencias con una identidad que comienza a crear. Ahí es donde nace el artista. Sin ellos, estoy seguro de que mi escritura sería completamente distinta.

Si tuvieras que definir “Lo que nos dejó el verano” con una sola canción o una sola frase, ¿Cuál sería?

Podría resumirlo con una frase de Borges que aparece reiteradamente en el libro: Al destino le gustan las repeticiones y los leves anacronismos (El sur), ya que Lo que nos dejó el verano es una repetición eterna de tiempo, espacio y personajes que termina transformando a los protagonistas al mismo tiempo que los vuelve locos.

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