El presidente de Cuba, Miguel Díaz-Canel, advirtió que su país responderá ante una eventual agresión militar de Estados Unidos y sostuvo que un conflicto podría derivar en “un baño de sangre de consecuencias incalculables”, en medio de una nueva escalada de tensión entre ambos gobiernos.
La declaración del mandatario cubano se produjo luego de que el medio estadounidense Axios revelara, citando fuentes de inteligencia de Washington, que La Habana habría adquirido más de 300 drones militares y analiza posibles escenarios de despliegue cerca de la base naval de Guantánamo, ubicada en el oriente de la isla.
Según el informe, la información generó preocupación en Estados Unidos, donde funcionarios consideran que existe una “amenaza creciente” por la cercanía de esas capacidades militares con territorio estadounidense.
En ese contexto, Díaz-Canel defendió el derecho de Cuba a responder ante un eventual ataque y acusó a Washington de preparar el escenario político para una intervención.
Las amenazas de agresión militar contra #Cuba de la mayor potencia del planeta son conocidas.
Ya la amenaza constituye un crimen internacional. De materializarse, provocará un baño de sangre de consecuencias incalculables, más el impacto destructivo para la paz y la estabilidad…
— Miguel Díaz-Canel Bermúdez (@DiazCanelB) May 18, 2026
“Cuba, que ya sufre una agresión multidimensional de Estados Unidos, sí tiene el derecho absoluto y legítimo a defenderse de una arremetida bélica, lo que no puede esgrimirse lógica ni honestamente como excusa para imponer una guerra contra el noble pueblo cubano”, escribió el mandatario en X.
Además, remarcó que “ya la amenaza constituye un crimen internacional” y alertó que una acción militar “provocará un baño de sangre de consecuencias incalculables, más el impacto destructivo para la paz y la estabilidad regional”.
El líder cubano también negó que la isla represente un riesgo para otros países. “No representa una amenaza, ni tiene planes o intenciones agresivas”, aseguró.
Las declaraciones llegan en un momento de máxima tensión bilateral. El presidente de Estados Unidos, Donald Trump, calificó a Cuba como “una amenaza excepcional” para la seguridad nacional estadounidense y en las últimas semanas lanzó reiteradas advertencias sobre la posibilidad de “tomar el control” de la isla. Incluso deslizó la posibilidad de enviar un portaaviones a la región.
A las restricciones económicas vigentes desde 1962, Washington sumó en enero un bloqueo petrolero que limita el ingreso de crudo a Cuba. La medida solo permitió el arribo, a fines de marzo, de un buque ruso con cerca de 100.000 toneladas de petróleo. Además, a comienzos de mayo la administración Trump aprobó un nuevo paquete de sanciones contra el régimen cubano.
En paralelo, el director de la CIA, John Ratcliffe, visitó La Habana el jueves pasado para mantener reuniones con altos funcionarios cubanos, en un encuentro inusual en medio del deterioro de las relaciones diplomáticas entre ambos países.
Recientemente, el Departamento del Tesoro estadounidense anunció nuevas sanciones contra ministros cubanos, integrantes de la cúpula militar y organismos de inteligencia. Las medidas prohíben cualquier tipo de vínculo económico entre los sancionados y entidades estadounidenses.
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