Inflación en el año electoral: El reino de la cautela

Ni Dujovne ni Macri explicitaron sus estimaciones pare este año, prudentes con lo que sucedió en 2018. El tarifazo de la AFIP. Proyecciones del mercado y el costo de la paz cambiaria: el peor año de la industria.
Por: Santiago Cámpora @santiagocampora

Dicen que el que se quema con leche cuando ve una vaca llora. Hace unos días, Nicolás Dujovne fue entrevistado en primera plana sobre el futuro económico. Prudente, evitó dar precisiones acerca de qué porcentaje de inflación espera el Gobierno para este 2019. Al contrario, se limitó a marcar un sentido: “en descenso”. En el mismo sentido se refirió Mauricio Macri, que dijo que “empezó a bajar”, sin atarse a números.

Para ser justos, no es sólo que el ministro quiera ser precavido ante la sucesión de errores de diagnóstico cometidos, la imagen de la credibilidad del ex titular del BCRA, Federico Sturzenegger, sacrificada al altar de la conducción política de Jefatura de Gabinete aún es reciente, y no sería criterioso dar nuevas muestras de intromisión en una tarea que es esencialmente responsabilidad Banco Central.

Ahora bien, desechado el esquema de metas de inflación tras la salida de Luis Caputo como jefe de la entidad monetaria, dejó de existir en la práctica un objetivo explícito para el año en curso. Sin embargo, sí podemos evaluar qué espera el mercado para este año, que sin dudas transcurrirá al compás de los vaivenes electorales.

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En su último relevamiento de expectativas de inflación (REM) que realiza el BCRA correspondiente al mes de enero, los analistas consultados proyectaron –en promedio- una inflación del 28,9% para los próximos 12 meses y de 19.4% para los próximos 24.

Si miramos la evolución de estas expectativas, se puede observar como tras la crisis de balanza de pagos que sufrió nuestro país, luego del pico de agosto – septiembre, cuando el dólar superó los 40 pesos, las expectativas comenzaron paulatinamente a descender.

Otra fuente de estimaciones, aunque un poco desactualizada, puede encontrarse en el proyecto de presupuesto aprobado el año pasado. Allí, se plasmó una inflación del 34.8% promedio anual, y del 23% midiendo diciembre 2019 contra diciembre 2018 (“punta a punta”).

Más allá de las distintas aproximaciones, si algo queda claro es que este tipo de visiones suponen, con mayor probabilidad, cierta normalidad o éxito en el programa monetario que viene implementando el BCRA desde hace algunos meses.

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Con el dólar planchado, se ha logrado transmitir el tan ansiado sendero de previsibilidad al conjunto de la economía, logrando paulatinamente hacer descender la tasa de interés de las Leliq, que en su apogeo llegaron a superar el 70% anual.

Ahora bien, la economía real pasa por uno de sus peores momentos y es sin duda la contracara de esta estrategia. La industria cerró uno de los peores años en mucho tiempo y para citar uno de los tantos datos representativos de esta realidad, la utilización de la capacidad instalada se ubica al 56.6% de su potencial.

Más aún, a contramarcha de una tasa de interés en descenso, la AFIP decidió en los últimos días incrementar las tasas que aplica sobre las empresas que incumplen con sus obligaciones, pasando al 4,5% mensual por mora y al 5,6% en concepto de punitorios. En un contexto de asfixia financiera y cierres que se multiplican, luce preocupantemente fuera de contexto.

El sendero de desinflación, además de la “paz cambiaria”, también dependerá del impacto de las subas de tarifas anunciados sobre finales del 2018. Repasando algunos anuncios, las tarifas de colectivos en el área metropolitana acumularán un aumento de un 38% a marzo, el agua corriente se incrementará un 48%, las tarifas eléctricas poseen un sendero de actualización del 55% para lo que resta del año y el gas subirá otro 35%.

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Por su parte, los peajes de acceso a la Ciudad de Buenos Aires ya se incrementaron un 33% en enero, mientras que las prestadoras de medicina prepaga fueron autorizadas a actualizar sus planes en un 5% a partir de febrero, y son descontados sucesivos incrementos a lo largo del año.

Ante la vulnerabilidad que presenta nuestra economía, es fundamental que el contexto financiero internacional acompañe, pero es insoslayable que los reajustes tarifarios dificultarán el objetivo de bajar la inflación de manera consistente.

Lejos quedó el tiempo en que el Gobierno afirmaba que los tarifazos no importaban efectos significativos sobre la inflación. Hoy, tras sucesivos traspiés, reina una posición más cautelosa, y las proyecciones dan cuenta de ello.

 

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