Una imagen, congelada en el tiempo pero reactivada por el avance de una causa judicial de extrema gravedad, se convirtió en un problema político de primer orden para el oficialismo bonaerense.
En la fotografía aparece Nicolás Daniel Rodríguez —uno de los detenidos y procesados por abusos sexuales aberrantes contra jóvenes militantes dentro del Senado provincial— junto al gobernador Axel Kicillof y a Giselle Fernández, hermana de Cristina Fernández de Kirchner. La postal, que hasta hace poco podía leerse como una escena más de la militancia kirchnerista, hoy funciona como síntesis incómoda de vínculos, respaldos y silencios.
El impacto de la imagen no está en lo que muestra de manera explícita, sino en lo que condensa: la cercanía política de Rodríguez y de la agrupación La Capitana con el corazón del poder bonaerense y con el entramado kirchnerista que orbita alrededor de la Legislatura, el Ejecutivo provincial y las organizaciones militantes que hicieron del Estado su principal territorio de construcción.
La foto que vuelve del archivo
La difusión de la imagen se produjo en medio del escándalo judicial que sacude al Senado bonaerense tras la detención de Rodríguez y de su pareja, Daniela Silva Muñoz, ambos acusados de múltiples hechos de violencia sexual. La causa, que investiga abusos cometidos contra jóvenes militantes en ámbitos vinculados a la Legislatura, dejó al descubierto una trama que excede largamente el plano penal.
En ese contexto, la foto opera como un disparador político.
No prueba delitos ni responsabilidades directas de terceros, pero expone un nivel de cercanía que incomoda al gobernador y, por extensión, al núcleo duro del kirchnerismo. Rodríguez no era un militante marginal ni un actor periférico: conducía La Capitana, una agrupación con inserción estatal, proyección política y respaldo dentro del oficialismo.
La Capitana y su lugar en el oficialismo
La Capitana nació en 2018 como un desprendimiento de Unidos y Organizados, una de las estructuras más identificadas con el kirchnerismo duro y con vínculos históricos con La Cámpora. Desde su origen, el espacio se movió siempre dentro del oficialismo, con presencia territorial, inserción institucional y una característica que hoy resulta central: todos sus militantes tenían cargos en el Estado.
Según fuentes consultadas por #BORDER, los integrantes de la agrupación estaban “liberados” de sus funciones laborales para dedicarse de lleno a la militancia. “Eso no pasa sin aval político de muy arriba”, sintetizó una fuente con pasado en la Legislatura. Esa lógica de funcionamiento convirtió a La Capitana en una organización con fuerte dependencia del Estado y con acceso a ámbitos de poder que hoy están bajo la lupa judicial.
Del kirchnerismo duro al kicillofismo
El recorrido político de La Capitana fue siempre hacia adentro del peronismo kirchnerista. En 2019 respaldó la precandidatura de Victoria Tolosa Paz en La Plata; en 2021, Daniela Silva Muñoz fue precandidata a concejal por Unión por la Patria; y en 2023 el espacio jugó en la interna local apoyando a Gastón Castagneto frente a Julio Alak.
En paralelo, la agrupación tejió vínculos con La Patria es el Otro, el espacio que conduce Andrés “Cuervo” Larroque, actual ministro de Desarrollo de la Comunidad. Ese entramado terminó de sellarse cuando La Capitana pasó a formar parte del Movimiento Derecho al Futuro (MDF), el armado político que lidera Axel Kicillof con aspiraciones provinciales y nacionales.
Es en ese punto donde la foto adquiere mayor densidad política: no se trata solo de una imagen del pasado, sino de la evidencia gráfica de una integración plena al esquema político que hoy gobierna la provincia.
Estado, Senado y silencios
Rodríguez y Silva Muñoz son empleados de planta permanente del Senado bonaerense desde 2011, cuando Gabriel Mariotto presidía la Cámara alta. Ambos construyeron su poder político desde allí, con cargos, militancia y vínculos transversales.
En el caso de Rodríguez, su trayectoria es ilustrativa de los desplazamientos ideológicos que permite la política profesionalizada: comenzó vinculado al radicalismo, pasó por el ARI y terminó recalando en el kirchnerismo, siempre dentro del ámbito legislativo. Con el tiempo, se convirtió en un cuadro con capacidad de armado y conducción.
Según pudo reconstruir #BORDER, meses antes de la detención del 29 de diciembre de 2025, en el Municipio de La Plata —donde Rodríguez se desempeñaba como funcionario durante la gestión de Julio Alak— ya se conocían las denuncias. La decisión fue apartarlo del cargo en silencio, sin explicaciones públicas. Un movimiento defensivo que hoy, con la causa avanzada, adquiere otro significado.
La detención y el quiebre
La caída de Rodríguez y Silva Muñoz marcó un antes y un después para La Capitana. El 29 de diciembre de 2025 ambos fueron detenidos en La Plata, en el marco de una causa que investiga abusos sexuales aberrantes. La fecha no pasó inadvertida en los pasillos legislativos. “El día 29 es el día de los ñoquis”, ironizó una fuente, en referencia al empleo público.
Con las detenciones, el entramado político que sostuvo a la agrupación comenzó a resquebrajarse. Lo que antes era capital simbólico y cercanía al poder se transformó en un problema que nadie quiere explicar en público. Y allí la foto reaparece, como recordatorio incómodo de una relación que hoy nadie reivindica.
Una imagen que interpela al poder
La fotografía no acusa, pero interpela. Expone la proximidad entre un dirigente hoy procesado por delitos gravísimos y las máximas referencias del oficialismo bonaerense y kirchnerista. En tiempos donde el discurso feminista y la agenda de género ocupan un lugar central en la retórica bonaerense, la imagen tensiona ese relato y obliga a preguntas que aún no tienen respuesta.
¿Quiénes habilitaron el crecimiento político de Rodríguez? ¿Qué controles existían sobre una estructura militante atravesada por el Estado? ¿Por qué las denuncias no activaron alertas antes de que la Justicia interviniera?
Mientras la causa avanza y mantiene en vilo al Senado bonaerense, la foto sigue allí. Inmóvil, muda, pero cargada de sentido. Una postal que el poder preferiría olvidar, pero que el escándalo judicial volvió imposible de esconder.



