En los tribunales penales de La Plata hay historias que se explican con expedientes. Otras, en cambio, necesitan algo más: memoria, contexto y una mirada que conecte puntos que, en principio, parecen no tener relación. Este es uno de esos casos.
Porque entre los acusados de integrar una presunta banda de ladrones que actuó en la ciudad en 2021 aparece un nombre que, años antes, había estado en un lugar completamente distinto: dentro de la delegación argentina que viajó al Mundial de Copa Mundial de la FIFA Rusia 2018, encabezada por el presidente de la Asociación del Fútbol Argentino, Claudio “Chiqui” Tapia.
Ese dato —real, verificable, pero ajeno al expediente judicial— es el que hoy introduce una dimensión inesperada en el juicio oral que avanza en La Plata. Porque obliga a contar la historia completa. Y la historia completa no empieza en 2021.
Un juicio por robos que esconde otra trama
El proceso se desarrolla ante el Tribunal Oral en lo Criminal II, integrado por los jueces Claudio Bernard, Silvia Hoerr y Analía Carrillo.
En el banquillo están Julio César Mettica, Ezequiel Barrios, Leonardo Bustamante y Miguel Ángel Gómez.
La acusación, sostenida por el fiscal Martín Chiorazzi, es concreta: los cuatro integraban una banda que cometió al menos tres robos en pocos días, en febrero de 2021, bajo distintas modalidades.
Primero, un escruche en una vivienda de calle 23 entre 66 y 67, de donde se llevaron relojes de alta gama, alhajas, dinero y un arma. Después, un asalto a una carnicería en 138 y 61, en Los Hornos. Finalmente, un violento robo en una casa de calle 19 entre 61 y 62, donde una mujer y su hija fueron agredidas.
Ese último hecho terminó en una persecución policial y un enfrentamiento armado en 46 y 151. Allí fueron detenidos.
El fiscal pidió penas superiores a los 11 años de prisión para todos.
Hasta ahí, el caso podría leerse como uno más dentro del universo de delitos contra la propiedad. Pero no lo es.
El nombre que ya había estado en otro escenario
Porque uno de los acusados, Mettica, ya había sido noticia antes.
Fue condenado por su participación en el secuestro extorsivo del padre del actor Pablo Echarri, un caso que conmocionó al país y que lo colocó en el radar de la Justicia y de la opinión pública.
Cumplió su condena.
Y años después, su nombre volvió a aparecer, pero no en una causa judicial, sino en un contexto completamente distinto: el Mundial de Rusia 2018.
Mettica, ligado al club del fútbol San Telmo (que milita en las categorías del ascenso) integró la delegación argentina que viajó a esa Copa del Mundo. No como futbolista, ni como integrante del cuerpo técnico. Estaba allí, dentro de una comitiva oficial que encabezaba el presidente de la AFA.
Ese dato, que circula en ámbitos judiciales y periodísticos, es el que hoy genera un efecto de extrañamiento: cómo se conectan esos mundos. Cómo se pasa de un expediente penal a una tribuna mundialista. Cómo se vuelve, después, a un tribunal.
“Chiqui” Tapia y el otro contexto
El presidente de la AFA, Claudio Tapia —más conocido por su apodo, “Chiqui”— conduce la entidad desde 2017.
Bajo su gestión, la selección argentina logró títulos históricos, incluido el Mundial de Qatar 2022. Pero en paralelo, la institución y su dirigencia también quedaron bajo la lupa judicial en los últimos tiempos.
En marzo de 2026, la Justicia procesó a Tapia en una causa por presunta evasión fiscal vinculada a la retención indebida de impuestos y aportes previsionales.
La investigación sostiene que la AFA habría retenido tributos —como IVA, Ganancias y contribuciones a la seguridad social— sin depositarlos en tiempo y forma, en un monto que supera los 19.000 millones de pesos.
Como parte de ese proceso, el juez dispuso un embargo sobre sus bienes y le impuso la prohibición de salir del país.
Tapia, por su parte, ha negado irregularidades y sostiene que los pagos se realizaron, aunque fuera de término.
La causa se inscribe, además, en un contexto más amplio de investigaciones sobre el funcionamiento económico de la AFA, que incluyen denuncias por lavado de dinero y manejo de fondos en distintas estructuras vinculadas al fútbol argentino.
Nada de esto tiene relación directa con el juicio que se lleva adelante en La Plata. Pero sí construye el clima de época en el que aquel viaje a Rusia adquiere otro significado.
Un dato que no es prueba, pero dice
En términos estrictamente judiciales, el viaje de Mettica al Mundial no forma parte de la acusación. No es prueba. No será evaluado por el tribunal.
Pero tampoco es irrelevante.
Porque en las historias judiciales, los contextos importan. Y en este caso, ese dato funciona como una bisagra narrativa: muestra que el recorrido del acusado no fue lineal, que se movió en espacios diversos, que su nombre atravesó escenarios que rara vez se cruzan.
El del delito.
El del espectáculo deportivo global.
El de la Justicia.
La causa que sí se juzga
Mientras tanto, el juicio avanza.
Los cuatro imputados llevan más de cinco años detenidos con prisión preventiva. Las audiencias, atravesadas por agendas saturadas, muchas veces comenzaron después de las 14:00. El proceso se estiró en el tiempo.
Las defensas —Germán Oviedo por Mettica, Raquel Ponzinibio por Barrios y Magdalena Sallotti Giacosa por Bustamante y Gómez— cuestionan la prueba y la duración de la detención.
La fiscalía sostiene que hay evidencia suficiente para condenar.
Y en el medio, un tribunal que deberá decidir.
Un personaje difícil de encasillar
Mettica no es un acusado más.
Su historia incluye un secuestro extorsivo de alto impacto, una condena cumplida, una presencia inesperada en una delegación mundialista y ahora un nuevo proceso por robos violentos.
Esa combinación lo convierte en un personaje difícil de encasillar.
No responde a una única lógica.
No puede leerse solo desde el expediente.
El hilo invisible
En algún punto, la historia plantea una pregunta incómoda.
No sobre culpabilidades —eso lo resolverá el tribunal— sino sobre trayectorias.
Sobre los caminos que se cruzan.
Sobre los espacios que, a veces, parecen demasiado lejanos entre sí, pero terminan conectados por nombres propios.
El fútbol y la Justicia.
El poder y la periferia.
La visibilidad y el anonimato.
Lo que queda fuera del fallo
Cuando el juicio termine, habrá un veredicto y, tal vez, una sentencia.
Dirá si los acusados son culpables o inocentes. Fijará penas o absoluciones.
Pero no dirá nada sobre ese otro recorrido.
No explicará cómo alguien que estuvo en un Mundial termina nuevamente en un banquillo penal.
No dirá qué vínculos existieron ni cuáles no.
No hablará de los pasillos, de los rumores, de las conexiones.
Porque eso —como casi siempre— queda afuera del fallo.
Epílogo
En los tribunales de La Plata se juzgan hechos.
Pero las historias, las verdaderas historias, rara vez se limitan a lo que dicen los expedientes.
A veces aparecen en un dato lateral.
En una foto de archivo.
En una lista de pasajeros de un vuelo a Rusia.
Y entonces todo cambia.
Porque ya no se trata solo de un juicio.
Se trata de entender cómo se llega hasta ahí.



