La sesión en la Cámara de Diputados para debatir la reforma laboral expuso no solo el fuerte enfrentamiento político en torno a una de las iniciativas centrales del presidente Javier Milei, sino también una serie de episodios que dejaron al descubierto el clima de máxima tensión que se vive en el Congreso.
El primer momento de controversia se produjo al inicio del debate, cuando el diputado oficialista Lisandro Almirón defendió el dictamen de mayoría mediante un discurso leído en su totalidad. La modalidad generó cuestionamientos inmediatos desde la oposición, en especial desde el kirchnerismo, cuyos legisladores lo interrumpieron para objetar la forma de su exposición.
Otro episodio que escaló rápidamente ocurrió cuando la diputada Florencia Carignano fue registrada en video mientras manipulaba los cables del sistema de taquígrafos. Las imágenes fueron difundidas por la legisladora libertaria Lilia Lemoine, quien acusó a su colega de intentar entorpecer el desarrollo de la sesión.
“La kirchnerista Carignano agrede a los trabajadores del Congreso para intentar frenar la sesión. Esto es inaceptable. Miren como se acerca haciéndose la distraída... no puede pasar inadvertido, tiene que haber sanciones”, sostuvo Lemoine en su cuenta de X.
La diputada oficialista también remarcó el rol institucional de los taquígrafos: “Sin taquígrafos no habría un registro oficial confiable y público de las sesiones, lo que afectaría la transparencia legislativa y la validez jurídica de los debates. Son un pilar histórico (desde la época de Bartolomé Mitre) y técnico indispensable del funcionamiento parlamentario argentino... por eso Carignano los atacó”.
La sesión también tuvo un momento simbólico cuando el legislador kirchnerista Horacio Pietragalla cuestionó la limitación en la lista de oradores y lanzó duras críticas contra el proyecto. “Esta ley es una ley que nos retrotrae a la esclavitud y te voy a hacer entrega del símbolo de esta ley hoy, que es claramente un retroceso para nuestros derechos laborales, para nuestros derechos históricos y para nuestra Constitución, que defiende por sobre todas las cosas a los trabajadores”, expresó. Acto seguido, se dirigió al estrado y dejó una cadena sobre el escritorio de la presidencia.
La reacción del titular de la Cámara, Martín Menem, fue inmediata: “A mí no me puede entregar nada, diputado. Le pido que respete el reglamento, que retire lo que ha dejado acá. Es una falta de respeto. No está permitido”.
El trasfondo de la disputa también estuvo marcado por la discusión sobre el número de oradores. El oficialismo, encabezado por La Libertad Avanza, logró fijar un listado acotado de 40 intervenciones, mientras que desde Unión por la Patria reclamaban un esquema sin límites. Ante la negativa, la oposición recurrió a reiteradas interrupciones que ralentizaron el desarrollo del debate.



